AlejandroCifuente
Poeta recién llegado
La noche aparece como brazo
entretejido del vacío
que interrumpe los pasos
oscuros de una nube
como anhelo insoslayable
de un espejo
que navega los caminos
y los párpados desnudan nuestras
hojas de mar y lluvia
de analfabetos sentados
en la cúspide de las oraciones
por donde avanzan estos cuerpos
que son el tuyo
esta brújula incansable
que me lleva hacia
tu estrella más distante
y no puedo reparar
las ansias escondidas
en un cuarto tan pequeño.
Por eso, el silencio del silencio
se disuelve inescuchable
como amparo personal y penitente
como el otro lado que se esconde
detrás del otro lado
en esta mesa con el pelo recogido
entre sus cejas
que palpita una caricia de deshielo
con mi mano congelada.
Y en el paño triste de una
madrugada donde
el humo se parece a tu existencia
está el primer absurdo imaginable
que un papel deshizo entre los dedos.
entretejido del vacío
que interrumpe los pasos
oscuros de una nube
como anhelo insoslayable
de un espejo
que navega los caminos
y los párpados desnudan nuestras
hojas de mar y lluvia
de analfabetos sentados
en la cúspide de las oraciones
por donde avanzan estos cuerpos
que son el tuyo
esta brújula incansable
que me lleva hacia
tu estrella más distante
y no puedo reparar
las ansias escondidas
en un cuarto tan pequeño.
Por eso, el silencio del silencio
se disuelve inescuchable
como amparo personal y penitente
como el otro lado que se esconde
detrás del otro lado
en esta mesa con el pelo recogido
entre sus cejas
que palpita una caricia de deshielo
con mi mano congelada.
Y en el paño triste de una
madrugada donde
el humo se parece a tu existencia
está el primer absurdo imaginable
que un papel deshizo entre los dedos.
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