Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me bajas la luna, la tiras al piso,
de una eterna noche me vuelves recluta,
vanidoso hieres, cobarde Narciso
y mi sed la calmas, con letal cicuta.
Ni hasta el más tirano, hizo cuanto quiso,
por eso ha quedado, mi alma diminuta.
-Igual que Adán y Eva, fin del paraíso-
Moribunda antorcha, llama que no inmuta.
Ya es el corazón, verdugo pequeño,
desahuciado olivo, en frío socaire,
gorrión enjaulado, títere sin dueño.
Y de ser herido, nadie sale ileso
¿Cómo camuflarse, la luz en el aire?
No se cura el alma, sólo con un beso.
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