DIEGO
Poeta adicto al portal
Mientras la tarde hiere de muerte al día y la noche se agazapa a la espera de su turno, como pétalos de rosa mis dedos sobrevuelan la seda de tus piernas, largas, cual carreteras infinitas que conducen al placer.
Bebo como un descontrolado el néctar de tu cuerpo estremecido que no tarda en acomodarse a mis caricias y se retuerce como si fuera una hoja seca aplastada por mi mano...
Aún hirviendo, los cuerpos se separan intentando reanimarse de ese estado moribundo en el que el éxtasis los deja, y mientras el aire pareciera poco para la necesidad de respirarlo, me miras de reojo, entre interrogante y complaciente, se funden y confunden las pupilas hasta que el alma se desnuda, pero, justo allí, en el preciso instante, el nervioso párpado vuelve a vestirla, para dejarme otra vez como un analfabeto que jamás podrá leerla aunque lo intente una y mil veces... y entonces, todo vuelve a empezar... la lucha cuerpo a cuerpo recomienza, a veces animal, a veces excedida de ternura; pero siempre, siempre, como alguna sinfonía grandiosa, ha de quedar inconclusa, pues tu alma se esconde tras tus ojos y burlona delata una cobardía ilimitada para encontrarse con la mía, siempre así, siempre igual...
Ya es tarde noche, afuera tarde y noche se disputan la tenencia de las horas; aquí adentro, tu necesidad de mujer ha sido satisfecha, y con un guiño de ojos tan azules como fue hasta hace un rato el cielo; me das la espalda, vestida con una sonrisa que pretende justificar tu huída.
Tanto miedo encarcelado en tu cuerpo... tanto miedo que te hace prisionera...!
Dulces palabras que suenan tristes... "mañana te llamo..!", una mueca dibujada y el dedo que sube hasta tus labios para que el beso lo use de trampolín...
"Chau..!", te digo y me limito a verte partir.
Las preguntas de siempre, me asaltan a traición... ¿cuándo he de poder leer tu alma?, ¿cuándo conocer tus sentimientos?...
Ya venció la noche, como todos los días...
Tú la noche, yo la tarde...
Bebo como un descontrolado el néctar de tu cuerpo estremecido que no tarda en acomodarse a mis caricias y se retuerce como si fuera una hoja seca aplastada por mi mano...
Aún hirviendo, los cuerpos se separan intentando reanimarse de ese estado moribundo en el que el éxtasis los deja, y mientras el aire pareciera poco para la necesidad de respirarlo, me miras de reojo, entre interrogante y complaciente, se funden y confunden las pupilas hasta que el alma se desnuda, pero, justo allí, en el preciso instante, el nervioso párpado vuelve a vestirla, para dejarme otra vez como un analfabeto que jamás podrá leerla aunque lo intente una y mil veces... y entonces, todo vuelve a empezar... la lucha cuerpo a cuerpo recomienza, a veces animal, a veces excedida de ternura; pero siempre, siempre, como alguna sinfonía grandiosa, ha de quedar inconclusa, pues tu alma se esconde tras tus ojos y burlona delata una cobardía ilimitada para encontrarse con la mía, siempre así, siempre igual...
Ya es tarde noche, afuera tarde y noche se disputan la tenencia de las horas; aquí adentro, tu necesidad de mujer ha sido satisfecha, y con un guiño de ojos tan azules como fue hasta hace un rato el cielo; me das la espalda, vestida con una sonrisa que pretende justificar tu huída.
Tanto miedo encarcelado en tu cuerpo... tanto miedo que te hace prisionera...!
Dulces palabras que suenan tristes... "mañana te llamo..!", una mueca dibujada y el dedo que sube hasta tus labios para que el beso lo use de trampolín...
"Chau..!", te digo y me limito a verte partir.
Las preguntas de siempre, me asaltan a traición... ¿cuándo he de poder leer tu alma?, ¿cuándo conocer tus sentimientos?...
Ya venció la noche, como todos los días...
Tú la noche, yo la tarde...