francomacorisano
Poeta asiduo al portal
Esas inocentes noches de invierno,
con el viento muerto arañando el cielo,
y su voz muda quejándose entre las rocas;
agobiado el aliento por el dolor de las bocas,
mientras sucumbe el fuego tiritando de frío,
y la cama tiembla por el calor de nuestros cuerpos.
Esas oscuras noches de invierno,
que no alcanza a alumbrar la luna llena;
donde mueren de envidia las estrellas,
y no basta la aurora boreal
para sonrojar las mejillas de las noches blancas,
pero una chispa de tu pelo llena de luz mi desconsuelo.
Esas largas noches de invierno,
a paso lento caminando el tiempo,
como si no le urgiese parir el día;
y en las oscuras nubes, escondida, atisba tu mirada,
hasta encontrar mi cuerpo entre las sombras del estrecho lecho,
para saciar el hambre de amor, aunque murmuren las sábanas.
con el viento muerto arañando el cielo,
y su voz muda quejándose entre las rocas;
agobiado el aliento por el dolor de las bocas,
mientras sucumbe el fuego tiritando de frío,
y la cama tiembla por el calor de nuestros cuerpos.
Esas oscuras noches de invierno,
que no alcanza a alumbrar la luna llena;
donde mueren de envidia las estrellas,
y no basta la aurora boreal
para sonrojar las mejillas de las noches blancas,
pero una chispa de tu pelo llena de luz mi desconsuelo.
Esas largas noches de invierno,
a paso lento caminando el tiempo,
como si no le urgiese parir el día;
y en las oscuras nubes, escondida, atisba tu mirada,
hasta encontrar mi cuerpo entre las sombras del estrecho lecho,
para saciar el hambre de amor, aunque murmuren las sábanas.
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