Nocividad del vacío

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa

Buscando a través de una advertencia, diviso la simplicidad de una llama encendida, capaz de controlar esa debilidad explosiva, superflua, hasta indiferente, que nunca supe mirar de frente.
Percibo que se acerca una vez mas con la insolidez de la nocividad que apremia.
Despejo un formato tétrico de angustia motriz, que identifico entre unas pocas e insolventes vesículas emotivas… localizando de inmediato la inhibición de un punto inexacto, reprogramando algún dispositivo antinatura que funcione.
Esperaré aquí sentado lo suficientemente irreverente que se pueda, hasta adentrarme en la meditación cohabitada, por entre las nubes negras del paso de las horas, que esta vez, vendrán a buscarme.
Con impaciencia adolescente, abrigaré los minutos que me queden, con mis miedos enunciados, esos que me acompañan desde siempre, de seguro, lo harán con esta herida…que advierto su presencia, desde que era una pequeña ulcera en la protuberancia de mi calma.
Los mandatos funcionales e inconstantes, serán esta vez tan apremiantes, e indistintos, que no obstante quede un hálito instintivo de mi cuerpo, volveré envuelto en la migraña estrepitosa que sabrá acongojar los malos momentos, hasta guiarlos hacia los valles de los duendes del vacío.
Las esclusas divisorias, corrientes de este dolor nocivo, preservarán futuras inducciones de excitación regresiva; en la transformación muscular de éste, mi sueño indolente. Secuenciará el sistema moderado de intolerancia imitativa, procesando sesiones de una suerte de motilidad del pensamiento, desarrollando viajes psicotérmicos que preservaran una vez mas, las deliciosas y silenciadas imágenes que proyecta el inconsciente de mi otro yo.




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Buscando a través de una advertencia, diviso la simplicidad de una llama encendida, capaz de controlar esa debilidad explosiva, superflua, hasta indiferente, que nunca supe mirar de frente.
Percibo que se acerca una vez m
ás con la insolidez de la nocividad que apremia.
Despejo un formato tétrico de angustia motriz, que identifico entre unas pocas e insolventes vesículas emotivas… localizando de inmediato la inhibición de un punto inexacto, reprogramando algún dispositivo antinatura que funcione.
Esperaré aquí sentado lo suficientemente irreverente que se pueda, hasta adentrarme en la meditación cohabitada, por entre las nubes negras del paso de las horas, que esta vez, vendrán a buscarme.
Con impaciencia adolescente, abrigaré los minutos que me queden, con mis miedos enunciados, esos que me acompañan desde siempre, de seguro, lo harán con esta herida…que advierto su presencia, desde que era una pequeña
úlcera en la protuberancia de mi calma.
Los mandatos funcionales e inconstantes, serán esta vez tan apremiantes, e indistintos, que no obstante quede un hálito instintivo de mi cuerpo, volveré envuelto en la migraña estrepitosa que sabrá acongojar los malos momentos, hasta guiarlos hacia los valles de los duendes del vacío.
Las esclusas divisorias, corrientes de este dolor nocivo, preservarán futuras inducciones de excitación regresiva; en la transformación muscular de éste, mi sueño indolente. Secuenciará el sistema moderado de intolerancia imitativa, procesando sesiones de una suerte de motilidad del pensamiento, desarrollando viajes psicotérmicos que preservarán una vez más, las deliciosas y silenciadas imágenes que proyecta el inconsciente de mi otro yo.




Pucha! Nunca había indagado tanto, pero sí, algo así son los recovecos del vacío...
La soledad poco tiene que ver con ese hueco interno, esa nada que con nada se llena,
y hasta succiona las partes rellenas de artificialidades...

Me siento algo identificada, y muy en ese final...


Saludos!
 

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