Boddah
Poeta recién llegado
Tengo mis manos aferradas a un cuerpo inasible
cuya imagen no quiero dejar ir.
Intento decir tu nombre y las letras se me caen
por las lágrimas, van ensangrentadas.
Toco cada calle con unos pies que no quieren ya
volar y despegarse del suelo.
Lejos de ti.
La luna se ríe de mi llanto a carcajadas, se figura a ti.
La noche intenta convencerme que no estás más aquí.
Pero la mañana aún te siente
entre mis brazos fríos de miedo, ansia y senilidad.
¿Dónde quedaron los besos ahora sosegados?
¿Dónde guardaste las caricias escurridas?
El tiempo se me escapa por los poros y tú ya no estás.
¿En dónde te has perdido mi amor, mi Atlas?
¡Se te está cayendo mi mundo, ya no te importa más!
Buscarás sin cesar un amor en brazos ajenos
cada abrazo que des lo advertiré
Te lo daré, cada beso en boca extraña que inventes
Y cada vez que amor hecho sexo te excite tanto
Yo te tendré.
Porque estamos en nosotros mismos
Somos la siempre misma unidad rota:
por fantasmas, por demonios, por personas,
por heridas nunca dispuestas a sanar.
¡Adiós amor, no sé ya si mío, pero sí mío!
Dentro de mí quedas como siempre
entre mi vientre, enterrado y en el corazón, asido.
Deseo: pido sólo que nos olvidemos.
La añoranza se perdió.
Las ilusiones se secuestraron y
no alcanzan a pagar el rescate.
En la trampa cayó la esperanza
y se ha suicidado.
Y mientras la luna, mediana, maldita, insana, torturadora,
de mi soledad continúa riendo.
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