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Nocturno.

ANABIL CUADRA

Poeta fiel al portal
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el sepulcro,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el frágil desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

 
Última edición:
¡Hola! ¿Cómo estás? Tiempo sin verte por aquí...

Un denso romance erótico el que has compuesto, con una oscuridad que realza su fuerza alusiva.

Particularmente oscuro me resultó este párrafo, donde cabe imaginar que «tibio», por el singular, califica a «baile», en un hipérbaton audaz, y que «cuan» es en verdad admirativo, es decir «cuán».

Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuan oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

abrazo
j.

Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el desnudo,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el febril desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuan oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

 
Hola Anabil. me alegra tu regreso, gracias por tu visita a mi perfíl,
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el desnudo,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el febril desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

Hola Anabíl, ante nada, bienvenido de nuevo. Me ha gustado tu romance, has envuelto el erotismo en belleza. Felicidades.
Saludos Poeta.
Isabel
 
Última edición:
¡Hola! ¿Cómo estás? Tiempo sin verte por aquí...

Un denso romance erótico el que has compuesto, con una oscuridad que realza su fuerza alusiva.

Particularmente oscuro me resultó este párrafo, donde cabe imaginar que «tibio», por el singular, califica a «baile», en un hipérbaton audaz, y que «cuan» es en verdad admirativo, es decir «cuán».

Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuan oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

abrazo
j.

muchas gracias. de a poco retomando el ritmo.
 
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el sepulcro,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el frágil desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

Un bello romance nos dejas amigo Anabil, donde tu inspiración hecha poesía nos hace
disfrutar de una sentida lectura de principio a fin. Ha sido un pacer poder volverte a leer.
Un abrazo. Tere
 
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el sepulcro,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el frágil desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

Un excelente romance, muy bien llevado, de una lectura suave. Elegante además.
Con afecto, un saludo cordial.
Salvador.
 
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el sepulcro,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el frágil desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

Ya he pasado por eso, mas tus versos me dan gratos recuerdos.
Un placer.
Castro.
 
Puedo repasarte en letras
tanto como los segundos
aturdidos de la tarde,
y seguir el breve rumbo
sobre el suave espacio rojo
de los valles taciturnos.
Hago otoños en mis manos
que sacuden el sepulcro,
de violetas juguetonas
en los sueños más nocturnos .
Me declaro soberano
penitente de esos muslos,
y beberme sus relieves
en el claro del crepúsculo.
Noches palpitantes mueren
pero nunca el día pudo,
con las cómplices estrellas.
Húmedo el frágil desnudo
que dibuja la silueta.
Dices que no para el mundo
pero sientes cuando digo:
¡Que febril yo le conjuro
a la misma negra muerte!
cuando acaban mis impulsos.
Tibio nuestros roces sufren
y dibujan cuán oculto
baile eterno de siluetas,
de los sueños más profundos.

Romance como pocos tengo el placer de degustar.
Impecable en forma y fondo.
Saludos cordiales.
 

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