Nocturno

marquelo

Negrito villero
Quiero hablar de las sombras
de esos perros salvajes que se dejan ver fuera de las capas ionizantes de los esqueletos/
de las extensiones áridas por donde caminan las manos y las frentes.
Estas sombras pululan hasta en el sueño más ordenado de los paganos
saltan como pulmones llenos de aire hacia las luces metropolitanas de las veredas
Y titilan
como espasmódicos bailes en los ángulos secretos del lupanario.
Mi sombra es una pequeña fiebre de verano
Una sudoración febril que cubre mis ideas sobre el cielo que escapa de las ventanas.
Y luego crece a medida que grito o fornico.
Es una copiadora muy pesada
que se extiende cuando decido caerme en el desierto más desesperante de las botellas
o en los senos más alejados del gemido.
A esta hora
cuando me someto a la tirania
más sensual del sonnífero
mi sombra calla, me mira y lagrimea
para desaparecer luego
en el aire más sincero de mi aliento.




 
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