Alex Courant
Poeta adicto al portal
Nos querrán de noche
la sed abierta de los perros,
el vahído póstumo de las cloacas,
los pasos petrificados del agua
entre árboles de vidrio y casas de sombra.
Nos querrán las piedras y el limo,
los soplos nocturnos que gotean
de las estrellas.
Nos querrán de noche
el incienso azul de los huesos,
el vasto camastro del insomnio,
el pájaro que muere en el aire.
Nos querrán el óxido y los metales,
la muerte cocida a las hojas,
la luna obliterada por lágrimas.
El cimentado imperio de la herida
nos hará suyos,
como un fruto en un bosque
de cimeras,
y nos querrá,
haciendo el amor,
en la honda boca de un piano.
Nos querrán, tristeza mía,
los delgados ojos de una mujer
porque sólo soy una metáfora
que se escribe en algún corazón
enclavado en el muro.
la sed abierta de los perros,
el vahído póstumo de las cloacas,
los pasos petrificados del agua
entre árboles de vidrio y casas de sombra.
Nos querrán las piedras y el limo,
los soplos nocturnos que gotean
de las estrellas.
Nos querrán de noche
el incienso azul de los huesos,
el vasto camastro del insomnio,
el pájaro que muere en el aire.
Nos querrán el óxido y los metales,
la muerte cocida a las hojas,
la luna obliterada por lágrimas.
El cimentado imperio de la herida
nos hará suyos,
como un fruto en un bosque
de cimeras,
y nos querrá,
haciendo el amor,
en la honda boca de un piano.
Nos querrán, tristeza mía,
los delgados ojos de una mujer
porque sólo soy una metáfora
que se escribe en algún corazón
enclavado en el muro.