PoetaJC
Poeta recién llegado
Miro los espejos, de agua, de cielo.
Miro la espesura por donde se derriten las lágrimas.
Miro el mar sin ojos, sin manos.
Sólo la tierra me va indicando.
Los caminos desiertos de labios, de besos, de sueños.
Miro las manos que tanto me duelen,
de tanto arañar los silencios.
De tanto arrancar los versos, palabras sin besos.
Barrancos de agua salada por donde corre el tiempo.
Saltos, rocas, miedo y al final un mar donde empieza lo nuevo.
Eterno deambular con velas de fieltro.
Espadas cortando la sangre, lo viejo, lo imperfecto.
Caer sin pies, sin manos, si piel.
Huesos rotos, sin dolor, un sufrimiento vago.
Un fuego de llamas azules, bailan, se enredan.
Se desvanecen las horas, los relojes parecen cansados,
y las hojas arremolinadas a tu paso.
Cuentan las sombras, las nubes, los charcos.
Los reflejos ya se han olvidado,
de lo pasado, de tu risa, de los labios.
Una música llena el espacio.
Los latidos, las hojas caídas, la lluvia perdida,
rodando por una orgía implacable de versos.
Dedos, pechos, y otra vez tu silencio.
De agua, de invierno, de hielo.
Miro tus ojos, pupilas, ecos.
La noche anclada en tu manto negro,
me reclama que vuelva de nuevo.
Que derrame en el aire,
las miradas robadas, los suspiros inmóviles.
Los latidos inciertos.
Ya sólo soy, una roca en tu desierto,
nostalgia, olvido, recuerdo.
Miro la espesura por donde se derriten las lágrimas.
Miro el mar sin ojos, sin manos.
Sólo la tierra me va indicando.
Los caminos desiertos de labios, de besos, de sueños.
Miro las manos que tanto me duelen,
de tanto arañar los silencios.
De tanto arrancar los versos, palabras sin besos.
Barrancos de agua salada por donde corre el tiempo.
Saltos, rocas, miedo y al final un mar donde empieza lo nuevo.
Eterno deambular con velas de fieltro.
Espadas cortando la sangre, lo viejo, lo imperfecto.
Caer sin pies, sin manos, si piel.
Huesos rotos, sin dolor, un sufrimiento vago.
Un fuego de llamas azules, bailan, se enredan.
Se desvanecen las horas, los relojes parecen cansados,
y las hojas arremolinadas a tu paso.
Cuentan las sombras, las nubes, los charcos.
Los reflejos ya se han olvidado,
de lo pasado, de tu risa, de los labios.
Una música llena el espacio.
Los latidos, las hojas caídas, la lluvia perdida,
rodando por una orgía implacable de versos.
Dedos, pechos, y otra vez tu silencio.
De agua, de invierno, de hielo.
Miro tus ojos, pupilas, ecos.
La noche anclada en tu manto negro,
me reclama que vuelva de nuevo.
Que derrame en el aire,
las miradas robadas, los suspiros inmóviles.
Los latidos inciertos.
Ya sólo soy, una roca en tu desierto,
nostalgia, olvido, recuerdo.