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Nostalgias de Granada

lesmo

Poeta veterano en el portal

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!

Hola Salvador, yo no sé dónde quede tu Granada, la que tanto añoras en tu poema.
Pero si recuerdo a Mario Lanza cantando la canción de Caruzo, a través de mi querido padre, el mismo intentaba cantar o interpretar a tan gran tenor.... te dejo esto , gracias por pasar por mis poemas libres, aún no contes, disculpa mi tristeza

 
Hola Salvador, yo no sé dónde quede tu Granada, la que tanto añoras en tu poema.
Pero si recuerdo a Mario Lanza cantando la canción de Caruzo, a través de mi querido padre, el mismo intentaba cantar o interpretar a tan gran tenor.... te dejo esto , gracias por pasar por mis poemas libres, aún no contes, disculpa mi tristeza

Muchas gracias, estimada Catia por dejarme la amable huella de tu comentario y por el enlace precioso. Granada se encuentra en el sur de España, en Andalucía Oriental, es una ciudad cautivadora a la que han cantado numerosos poetas y compositores. Francisco de Asís de Icaza, aunque era muy conocido ya como diplomático, poeta, miembro de la Academia de la Lengua mexicana y de la Real Academia de la Historia en España, se hizo famoso por los versos que escribió dedicados a Granada. Estos versos están en un muro al pie de la Torre de la Vela de La Alhambra de Granada, y dicen así

Dale limosna mujer
que no hay en la vida nada
como la pena de ser
ciego en Granada.


F.A, de Icaza.

Muchas gracias de nuevo con un fraternal y afectuoso abrazo.
Salva.
 
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!



Ay, poeta, que también lloré yo a las orillas del Darro por cuitas de amor! Allí, donde el desgraciado invidente:
¡Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada!


Un abrazo.
 
Última edición:

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Bellísimo, Salvador!! Gusto en leer este estupendo poema.
Un fortísimo abrazo.
 

Ay, poeta, que también lloré yo a las orillas del Darro por cuitas de amor! Allí, donde el desgraciado invidente:
¡Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada!


Un abrazo.
Magnífica Ana Vidovic. Te confesaré, querido Vicente, que el Darro lleva bastantes lágrimas en sus aguas. Las tuyas y la mías también. Mil gracias por dejar tan amable huella en estas letras mías.
Con un gran y fraterno abrazo.
Salva.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Oléeeeeeeeeeeeeeeee, que hermosura de silva, querido Salva, la has bordado. Tus letras son pura evocación de la belleza y embrujo de Granada. Y, ahora, cuando salgo a pasear, y voy por el Paseo de los Tristes, a las riberas del Darro, o entro en la Alcaicería, o camino por las callejuelas del Albaycín, llevo estos versos en mi mente y corazón, y los voy degustando en vivo y en directo. Mis aplausos. un poema del copón divino, sí señor.
Va un abrazo rompecostillas, jajajajaja, pero suavito a la par, jajajajaja.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!

Ay Salva, tú eres sueño,
eres poeta que ama
el aire y la poesía
de los cielos de Granada.
Ay Salva, mi amigo..., vuelve,
vuelve pronto a la Alhambra,
al rumor de sus acequias,
a sus jardines y jaras,
vuelve, que mi alma llora
y suspira de añoranza
por tenerte nuevamente
contemplando sus granadas.

Ay Salva no he podido resistirme a ponerte unas letrillas porque tanto Granada como yo deseamos con el alma verte aquí de nuevo. Qué maravilla leerte amigo entrañable...................muááááááááácksssss y requetemuáááááckssss...
 
Oléeeeeeeeeeeeeeeee, que hermosura de silva, querido Salva, la has bordado. Tus letras son pura evocación de la belleza y embrujo de Granada. Y, ahora, cuando salgo a pasear, y voy por el Paseo de los Tristes, a las riberas del Darro, o entro en la Alcaicería, o camino por las callejuelas del Albaycín, llevo estos versos en mi mente y corazón, y los voy degustando en vivo y en directo. Mis aplausos. un poema del copón divino, sí señor.
Va un abrazo rompecostillas, jajajajaja, pero suavito a la par, jajajajaja.
Celebro enormemente, querido amigo José, que estas letras hayan resultado ser evocadoras para ti. Igualmente celebro que veas ajustada esta propuesta de silva. Con mucha satisfacción recibo tu comentario que viene a poner en valor lo que escribí. Muy generoso eres, amigo mío en tus apreciaciones.
Con todo agradecimiento, te envío un gran abrazo, fraterno.
Salva.
 
Ay Salva, tú eres sueño,
eres poeta que ama
el aire y la poesía
de los cielos de Granada.
Ay Salva, mi amigo..., vuelve,
vuelve pronto a la Alhambra,
al rumor de sus acequias,
a sus jardines y jaras,
vuelve, que mi alma llora
y suspira de añoranza
por tenerte nuevamente
contemplando sus granadas.

Ay Salva no he podido resistirme a ponerte unas letrillas porque tanto Granada como yo deseamos con el alma verte aquí de nuevo. Qué maravilla leerte amigo entrañable...................muááááááááácksssss y requetemuáááááckssss...
Espléndido romance, todo él, perfecto, en contenido y en continente, como un precioso homenaje a nuestro amigo del alma, Salva.
Me apunto a sus letras. Salva, vuelve pronto a Granada, que tus amigos te esperan, que esas tardes de tertulias poéticas en las que tres amigos, tú, Isabel, y yo, en la terraza de las Titas, junto al Genil, departiendo poesía y amistad, son inolvidables, y muy añoradas.
 
Espléndido romance, todo él, perfecto, en contenido y en continente, como un precioso homenaje a nuestro amigo del alma, Salva.
Me apunto a sus letras. Salva, vuelve pronto a Granada, que tus amigos te esperan, que esas tardes de tertulias poéticas en las que tres amigos, tú, Isabel, y yo, en la terraza de las Titas, junto al Genil, departiendo poesía y amistad, son inolvidables, y muy añoradas.
Así es amigo Virtus, los aires de nuestra querida Granada están plenos de añoranza porque quieren contener en su aliento la respiración de Salva...Millones y trillones de besazos para los dos, ea... en el aire van y hasta Vigo llegarán ea....muááááááááckssssss...fuuuuutttt!!!!
 
Así es amigo Virtus, los aires de nuestra querida Granada están plenos de añoranza porque quieren contener en su aliento la respiración de Salva...Millones y trillones de besazos para los dos, ea... en el aire van y hasta Vigo llegarán ea....muááááááááckssssss...fuuuuutttt!!!!
Jajajajajajajaja, tal cual, ¡ea!, jajajajaja, y envío muchos muáááááááckssss con el fuuuuuuttt, ¡ea!, jajajajajajajajajajajajaja
 
Ay Salva, tú eres sueño,
eres poeta que ama
el aire y la poesía
de los cielos de Granada.
Ay Salva, mi amigo..., vuelve,
vuelve pronto a la Alhambra,
al rumor de sus acequias,
a sus jardines y jaras,
vuelve, que mi alma llora
y suspira de añoranza
por tenerte nuevamente
contemplando sus granadas.

Ay Salva no he podido resistirme a ponerte unas letrillas porque tanto Granada como yo deseamos con el alma verte aquí de nuevo. Qué maravilla leerte amigo entrañable...................muááááááááácksssss y requetemuáááááckssss...

Las miradas que son ciegas,
¡qué pena da de mirarlas!,
sentadas a alguna puerta
o mendigando en las plazas.

¡Qué pena dan esos hombres
enceguecidos del alma!
No pueden ver los rincones
ni oír palpitar el agua.

¡Qué penita ser un ciego,
o ser un sordo en La Alhambra!
Igualito que estar lejos
mirando y no oyendo nada.

Mas, ¡ay que cuando tú mueves
tus alas en mis palabras,
las tristes tornan alegres
y las alegres se exaltan!

Y no dejes de venir
a dejar aquí tu magia
porque me puedo morir
al no traerme a Granada.

Muchas gracias, queridísima Isabel por traerme esos polvos mágicos que espolvorean tus alas, las mismas alas con que sobrevuelas los rincones de Granada. Mil gracias por todo.
Un grandísimo abrazo con todo cariño del que sabes siempre tuyo,
Salva.
 
Las miradas que son ciegas,
¡qué pena da de mirarlas!,
sentadas a alguna puerta
o mendigando en las plazas.

¡Qué pena dan esos hombres
enceguecidos del alma!
No pueden ver los rincones
ni oír palpitar el agua.

¡Qué penita ser un ciego,
o ser un sordo en La Alhambra!
Igualito que estar lejos
mirando y no oyendo nada.

Mas, ¡ay que cuando tú mueves
tus alas en mis palabras,
las tristes tornan alegres
y las alegres se exaltan!

Y no dejes de venir
a dejar aquí tu magia
porque me puedo morir
al no traerme a Granada.

Muchas gracias, queridísima Isabel por traerme esos polvos mágicos que espolvorean tus alas, las mismas alas con que sobrevuelas los rincones de Granada. Mil gracias por todo.
Un grandísimo abrazo con todo cariño del que sabes siempre tuyo,
Salva.
Ayyyyyy que siembras en mi alma suspiros querido Salva, tú habitas la Alhambra, tus ojos de azabache brillan en sus noches embrujadas y hasta allí acuden las hadas a enviarte un soplo salvaje de los aires dulces de Granada. Eres un ángel y tus alas remontan los cielos de la Sierra Nevada....muááááckssssss... ay estas letras ya están en mi alma guardadas para siempre, ea....muááacksss...
 
Espléndido romance, todo él, perfecto, en contenido y en continente, como un precioso homenaje a nuestro amigo del alma, Salva.
Me apunto a sus letras. Salva, vuelve pronto a Granada, que tus amigos te esperan, que esas tardes de tertulias poéticas en las que tres amigos, tú, Isabel, y yo, en la terraza de las Titas, junto al Genil, departiendo poesía y amistad, son inolvidables, y muy añoradas.
Queridísimo José, esas tardes que mencionas, las pasadas, las llevo todas y cada una en el corazón; las que vendrán me hace saltar de alegría en la espera queriendo abrazar todo lo que sois. Como decía Lope del amor yo digo de esos amabilísimos encuentros "quien los probó, lo sabe."
De nuevo un grade, grande abrazo.
Salva.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Que versos más hermosos!!Luego entro, belleza con nostalgia, por una tierra que dejó sus aromas en tu alma. Un aplauso a tus letras apasionadas. Saludos, Salvador. Un abrazo!!
Azalea.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Tú nostalgia no tendrá fin porque incluso volviendo por esas tierras tus visiones son de otra época, Saludos cordiales, Salvador.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Solo en la Alhambra estuve, mas de ella quedé prendado. Sus aguas cantarinas, sus jardines encantados, incluso con gatos, sus arabescos que son arte. El patio de los leones con sus construcciones enmarcadas y de proporciones áureas. Granada debe de tener el embrujo de las bellas sultanas, de los hombres del sur, más allá del Mediterraneo.
La belleza de su historia, Salvador, tú lo consagras.
Un abrazo, amigo.
Castro.
 

Nostalgias de Granada

Las calles tienen íntimos recodos
y broncíneos caños en las fuentes
que cantan de mil modos,
acuosas, sonrientes,
y tienen los dulcísimos rumores
de algún caz, o de inquietos surtidores.

Acuden con sus cargas y su sed
los hombres ascendiendo los repechos
a los blandos helechos
que entretejen con su tupida red,
del bosque, las alfombras
fresquísimas y largas en las sombras.
Y persiguen sonidos de cascadas,
donde las verdes hiedras
matizan los colores de las piedras,
y en sus aguas heladas
las manos se les quedan congeladas.
Y es ese dolor fino,
tal vez la recompensa del camino.

¡Qué recuerdos, de pronto, levantados,
que me secan la voz en la garganta!...
Si miro a todos lados…,
¿dónde los arrayanes aromados?
¿De dónde viene tanta
memoria mixturada de alegría?
¿Y dónde el Albaycín?
¿Y dónde está la estrecha Alcaicería?
¿Y cuándo tendrá fin
la nostalgia que anega el alma mía?
¡Me agota la mirada
no estar viendo la luz de mi Granada!
Que profunda añoranza Salva, un placer enorme leerte
 

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