El talón se me tiñe de uvas nuevas
con reloj de las doce campanadas
en dieciochesca Casa de Correos
nuestro testigo en la ciudad hispana,
Madrid. Desde el llamado Punto Cero
iniciamos camino por la Plaza:
la estatua ecuestre Rey Carlos Tercero
y el oso y el madroño, hermosa talla,
emblema de ciudad de madrileños.
Calle Mayor nos lleva a las entrañas
y las nubes otean, centinela,
en su centro otra estatua afortunada:
Rey Felipe Tercero cabalgando.
Observo en centro de edificio, Casa
Panadería, escudo de los Reyes.
Miro enfrente: otra Casa, la pintada,
construida en época barroca o de oro,
con soportales en la planta baja,
y me encuentro con Arco Cuchilleros,
la más famosa de las nueve entradas.
Por la tarde pudimos contemplar
a cuatro plazas medievales: Paja,
Alamillo, Cruz Verde y de la Villa.
En el segundo día la jornada
en Alcalá, sonrientes, comenzamos:
primero Real Casa de la Aduana,
el Casino del juego y la Academia.
Con la cúpula negra, de pizarra,
edificio Metrópolis, me encuentro.
Cibeles por amantes abrazada,
cuatro palacios en las cuatro esquinas:
Buenavista, Linares y de España
el banquero y Palacio de Cibeles.
¡La Diosa de la Tierra castellana!
Por el camino ví famosa Puerta
Alcalá por poetas alabada.
¡Independencia! Por la Puerta entramos
al Parque del Retiro campechanas
por conocer y contemplar el lago.
Las figuras de todos los monarcas
en Paseo de Estatuas pude ver.
Y pude contemplar desde Atalaya
el lugar de descanso de los Reyes.
Palacio de Velázquez: en alada
cuna de exposiciones nos quedamos.
Ví fuente, la Alcachofa capitana
sostenida por cuatro querubines,
cúpula del Palacio reflejada
en el más bello lago del Retiro,
un ángel, el caído, fuente urbana
memoria al diablo en una fría fuente,
y ví con estos ojos la antesala
del camino de rosas: Rosaleda.
Salimos por Atocha con las almas
rojas, sedientas. Las hambrientas de arte
por tres pinacotecas renombradas.
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