danie
solo un pensamiento...
Te entregué mi soledad
(esa gran señora que frecuenta mis tertulias del insomnio)
te entregué mis muertes
(todas / hasta la más mínima)
también te entregué
mi huerfanidad de infancias lejanas
a ti no te bastó con verme a los ojos
y demolerme
construir en mis ruinas
las cenizas sin la chispas que encienden
la luz que te olvida
entonces te entregué mi corazón
para que lo cortes en pedazos
mis noches sin luna ni astros
mis cometas caídos
de mi galaxia que muere en tu claustro desabrido
mi sangre convulsionada
y mis huesos roídos
todo lo que me pediste
te lo di en un cofre revestido con la piel de mi alma
tú perdiste la llave
y lo tiraste al acantilado del descuido
te entregué mis jirones de carne
mis venas / tendones y músculos entumecidos
mis alados sueños suicidas
tú los abandonaste
en las sombras de un baldío
ya no tengo más nada para entregarte
salvo mi semilla enferma y desgastada
mi semilla de dolor resentido
/ el dolor resignándose a su cuita
tú la tomaste y la fecundaste
en un terruño árido y frío
en unas sábanas de catre vacío
en mi hogar inerme
(ya sin fuerza para defenderse)
ante tu vendaval sombrío
soy el producto de tu desidia
soy un fantasmagórico espectro ya sin vida
es que eso
(lo que es tan quimérico como la existencia misma)
también te lo entregué
para que bebas toda su savia
hasta la última gota
y después la escupas sobre el puerto
en la que desembarca
mi desgracia integra
(esa gran señora que frecuenta mis tertulias del insomnio)
te entregué mis muertes
(todas / hasta la más mínima)
también te entregué
mi huerfanidad de infancias lejanas
a ti no te bastó con verme a los ojos
y demolerme
construir en mis ruinas
las cenizas sin la chispas que encienden
la luz que te olvida
entonces te entregué mi corazón
para que lo cortes en pedazos
mis noches sin luna ni astros
mis cometas caídos
de mi galaxia que muere en tu claustro desabrido
mi sangre convulsionada
y mis huesos roídos
todo lo que me pediste
te lo di en un cofre revestido con la piel de mi alma
tú perdiste la llave
y lo tiraste al acantilado del descuido
te entregué mis jirones de carne
mis venas / tendones y músculos entumecidos
mis alados sueños suicidas
tú los abandonaste
en las sombras de un baldío
ya no tengo más nada para entregarte
salvo mi semilla enferma y desgastada
mi semilla de dolor resentido
/ el dolor resignándose a su cuita
tú la tomaste y la fecundaste
en un terruño árido y frío
en unas sábanas de catre vacío
en mi hogar inerme
(ya sin fuerza para defenderse)
ante tu vendaval sombrío
soy el producto de tu desidia
soy un fantasmagórico espectro ya sin vida
es que eso
(lo que es tan quimérico como la existencia misma)
también te lo entregué
para que bebas toda su savia
hasta la última gota
y después la escupas sobre el puerto
en la que desembarca
mi desgracia integra