Cafla
Poeta recién llegado
Ya hace como 20 años,
nos conocimos y nunca más nos soltamos.
Amigas nocturnas para luego ser diurnas.
Domingos abúlicos,
de esos que dolían la cabeza
tanto dormir, sin nada que hacer,
más que estar juntas.
Las procrastinaciones de estudio
siempre estuvieron presentes.
Tarderas aburridas,
de esas que pasaban lentas,
no se detenían y nunca llegaba la noche,
la ansiada noche para salir.
Para morirnos de hipotermia, inanición y
hacer y ver siempre lo mismo,
buscando inconscientemente amores efímeros,
para ver si se convertían en eternos.
Las bromas, las confesiones,
las expectativas de la noche,
para seguir recordándola al día siguiente.
Los coqueteos con y sin significado,
seguidas de horas de análisis y chistes.
Y siempre teníamos que estudiar,
sin embargo, siempre salíamos.
Mágicamente encontrábamos la energía y
el tiempo para hacerlo.
Pensábamos que no nos separaríamos nunca,
que esa etapa era eterna y
que la adultez y responsabilidades
se tardarían tanto en llegar,
nos equivocamos.
No nos importaba el trasnoche,
el precio de nuestra estabilidad futura,
vendría mucho después.
Tantas alegrías que tuvimos,
aventuras, anécdotas como también malos días,
malas semanas y discusiones infantiles.
Testigos de relaciones nuevas y rupturas,
también demasiadas malas decisiones.
Y el infaltable ánimo para cualquier decisión,
lamentable que algunas hayan sido decisiones estúpidas,
pero éramos jóvenes e inexpertas,
pensábamos que lo sabíamos todo.
De nuevo nos equivocamos.
No nos importaba perder el tiempo,
porque quizás sentíamos en el fondo
que nunca más íbamos a vivir esa etapa,
y estábamos en lo correcto.
Ahora estamos separadas,
por las distancias y otros factores.
Eternas fotos se quedarán en nuestra memoria,
en casi toda nuestra etapa de juventud,
Aquella perdida, fugaz, egoísta, autodestructiva,
Hilarante, gritona, bailarina, bipolar y plañidera.
Nuestros veintes en la U...
Lunes 26 de junio 2023
nos conocimos y nunca más nos soltamos.
Amigas nocturnas para luego ser diurnas.
Domingos abúlicos,
de esos que dolían la cabeza
tanto dormir, sin nada que hacer,
más que estar juntas.
Las procrastinaciones de estudio
siempre estuvieron presentes.
Tarderas aburridas,
de esas que pasaban lentas,
no se detenían y nunca llegaba la noche,
la ansiada noche para salir.
Para morirnos de hipotermia, inanición y
hacer y ver siempre lo mismo,
buscando inconscientemente amores efímeros,
para ver si se convertían en eternos.
Las bromas, las confesiones,
las expectativas de la noche,
para seguir recordándola al día siguiente.
Los coqueteos con y sin significado,
seguidas de horas de análisis y chistes.
Y siempre teníamos que estudiar,
sin embargo, siempre salíamos.
Mágicamente encontrábamos la energía y
el tiempo para hacerlo.
Pensábamos que no nos separaríamos nunca,
que esa etapa era eterna y
que la adultez y responsabilidades
se tardarían tanto en llegar,
nos equivocamos.
No nos importaba el trasnoche,
el precio de nuestra estabilidad futura,
vendría mucho después.
Tantas alegrías que tuvimos,
aventuras, anécdotas como también malos días,
malas semanas y discusiones infantiles.
Testigos de relaciones nuevas y rupturas,
también demasiadas malas decisiones.
Y el infaltable ánimo para cualquier decisión,
lamentable que algunas hayan sido decisiones estúpidas,
pero éramos jóvenes e inexpertas,
pensábamos que lo sabíamos todo.
De nuevo nos equivocamos.
No nos importaba perder el tiempo,
porque quizás sentíamos en el fondo
que nunca más íbamos a vivir esa etapa,
y estábamos en lo correcto.
Ahora estamos separadas,
por las distancias y otros factores.
Eternas fotos se quedarán en nuestra memoria,
en casi toda nuestra etapa de juventud,
Aquella perdida, fugaz, egoísta, autodestructiva,
Hilarante, gritona, bailarina, bipolar y plañidera.
Nuestros veintes en la U...
Lunes 26 de junio 2023