John Mejía
Poeta asiduo al portal
Se cuelga de un hilo un continente,
dando patadas de ahogado,
en angustia,
andando al filo de la navaja,
dejando más desoladas,
aquellas calles adoquinadas,
y los pocos parajes sin esperanza.
Se oscila entre el fuego cruzado,
en la telaraña de la política,
en los escombros del rencor,
y en la palma de la mano de la codicia.
Y siguen derritiéndose entre los hierros retorcidos,
las voces que nunca quisieran callarse,
haciendo erupción aquellos pechos desahuciados,
por una realidad tan latente como su propio corazón.
Y el manto de una pobreza los envuelve,
queriendo que fuera el de Turín o el más virginal de todos,
queriendo refugiar lo dolido de unas almas en pena.
Es un continente compuesto de muchos y pocos,
los pocos que pueden y los muchos que son invisibles,
a los que los cayos de las manos los delatan,
a los que les arde más el lomo bajo el sol,
a los que el frío los congela de raíz,
a los que el calor los sofoca desde el nacimiento.
Un continente agoniza,
barbarie por el deseo de tener más,
canjeando la niñez por el abuso,
por el hambre y la opresión.
Nuestro continente es un óleo más,
en lo que fue nuestra blanca lona.