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Recogí a la amapola y en ese instante
me prometí llorar por tu recuerdo,
arranqué a las espigas delgadas del trigo
y lloré porque tú no estabas a mi lado,
tomé a las hojas nuevas del chopo viejo
y me juré que estas lágrimas serían tuyas
creadas en lo más hondo de mi lamento,
corté las flores hermosas para mitigar mi dolor
al sentirme solo y lejos de tu cuerpo,
talé a la rama del cerezo y a los jilgueros,
los inundé con las gotas de mis ojos
y se ahogaron con la tristeza de mi pecho.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro
esperando rotos a que les des cariño;
yo les quise dar mi corazón malherido
pero solo querían las yemas de tus dedos,
las caricias delicadas y los dulces besos
que tu boca enamorada los entrega
a este mundo que nos hace prisioneros,
que nos aleja como al mar y al trigal…
Ya solo soy un extraño entre las amapolas,
en medio de un campo colmado y en soledad,
con mis dedos corto las flores hermosas
mientras lloro por sus breves vidas,
oigo tu voz mientras siego a las espigas
y mis lágrimas se hacen duras como el cristal,
todas, sin excepción mi amor son tuyas
porque me vuelvo a sentir solo sin ti,
y es que en lo más hondo de mi corazón
solo se oye la melodía agreste de tu recuerdo,
una brizna desamparada que se lleva el viento,
que en su día también fue quebrada
y también lloró por tus dulce besos.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro,
a la espera mi amada que les devuelvas a la vida
y a mí, tu recuerdo me rompa el corazón.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro…
Recogí a la amapola y en ese instante
me prometí llorar por tu recuerdo,
arranqué a las espigas delgadas del trigo
y lloré porque tú no estabas a mi lado,
tomé a las hojas nuevas del chopo viejo
y me juré que estas lágrimas serían tuyas
creadas en lo más hondo de mi lamento,
corté las flores hermosas para mitigar mi dolor
al sentirme solo y lejos de tu cuerpo,
talé a la rama del cerezo y a los jilgueros,
los inundé con las gotas de mis ojos
y se ahogaron con la tristeza de mi pecho.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro
esperando rotos a que les des cariño;
yo les quise dar mi corazón malherido
pero solo querían las yemas de tus dedos,
las caricias delicadas y los dulces besos
que tu boca enamorada los entrega
a este mundo que nos hace prisioneros,
que nos aleja como al mar y al trigal…
Ya solo soy un extraño entre las amapolas,
en medio de un campo colmado y en soledad,
con mis dedos corto las flores hermosas
mientras lloro por sus breves vidas,
oigo tu voz mientras siego a las espigas
y mis lágrimas se hacen duras como el cristal,
todas, sin excepción mi amor son tuyas
porque me vuelvo a sentir solo sin ti,
y es que en lo más hondo de mi corazón
solo se oye la melodía agreste de tu recuerdo,
una brizna desamparada que se lleva el viento,
que en su día también fue quebrada
y también lloró por tus dulce besos.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro,
a la espera mi amada que les devuelvas a la vida
y a mí, tu recuerdo me rompa el corazón.
Hoy, todos cuelgan de un jarrón de barro…