TAVOAM
Poeta veterano
NUESTRO VERBO
No arrastres las miradas que nos esquivamos,
ni las estocadas de palabras que nos dijimos,
esas que Dios debió taparse los oídos para no escuchar
tampoco los silencios que aturdieron nuestro ayer,
mientras moría nuestro verbo sin saberse conjugar.
No vengaré ni media noche en soledad,
no culparé al destino como si fuera mi titiritero;
a través de los años vos y yo perdimos anhelos,
pero aquí estamos pupila a pupila,
y hasta los ángeles nos espían descreyendo.
¿Qué será de nuestro antiguo sendero?
Tal vez si olvidáramos el viejo comienzo,
las flores marchitas al costado del camino,
todas las horas que nos lloramos de ausencia,
y las sombras que nos besaron el sol
entonces tal vez escribamos un destino nuevo.
Si tomamos este café sin recuerdos añejos,
y dejamos las miradas suspirar este encuentro,
tal vez al fondo de la taza,
la borra no tenga nada que decir,
y hablemos con nuestros cuerpos,
conjugando con sabiduría,
el que siempre fue nuestro verbo.
No arrastres las miradas que nos esquivamos,
ni las estocadas de palabras que nos dijimos,
esas que Dios debió taparse los oídos para no escuchar
tampoco los silencios que aturdieron nuestro ayer,
mientras moría nuestro verbo sin saberse conjugar.
No vengaré ni media noche en soledad,
no culparé al destino como si fuera mi titiritero;
a través de los años vos y yo perdimos anhelos,
pero aquí estamos pupila a pupila,
y hasta los ángeles nos espían descreyendo.
¿Qué será de nuestro antiguo sendero?
Tal vez si olvidáramos el viejo comienzo,
las flores marchitas al costado del camino,
todas las horas que nos lloramos de ausencia,
y las sombras que nos besaron el sol
entonces tal vez escribamos un destino nuevo.
Si tomamos este café sin recuerdos añejos,
y dejamos las miradas suspirar este encuentro,
tal vez al fondo de la taza,
la borra no tenga nada que decir,
y hablemos con nuestros cuerpos,
conjugando con sabiduría,
el que siempre fue nuestro verbo.
