Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Moriré sin saber
si son dulces tus labios,
ignorando por siempre
el sabor de tus besos.
Nunca llevaré el calor
de tus brazos sobre el cuerpo,
ni será tu mano la que acaricie
con suavidad mi mejilla.
A pesar del tiempo,
de los años transcurridos,
tu imagen vive, brillante
y hermosa en mi memoria.
Y asaltan los recuerdos
este viejo corazón que se emociona;
este anciano pecho que vive de olvidos,
de tiempos que fueron.
Pero nunca como desease.
Siempre con dolor, con la sensación
de no ser nadie, de no importar,
como sombra que se pisa
y no se aprecia.
Al cabo de tanto tiempo,
retorna la imagen,
la voz, la palabra,
el gesto, para mí esquivo,
tan feliz para otros.
Sueños de lo que pudo ser
y no fue nunca.
Tiempos idos que vuelven un instante,
para ser convertidos en lágrimas.
si son dulces tus labios,
ignorando por siempre
el sabor de tus besos.
Nunca llevaré el calor
de tus brazos sobre el cuerpo,
ni será tu mano la que acaricie
con suavidad mi mejilla.
A pesar del tiempo,
de los años transcurridos,
tu imagen vive, brillante
y hermosa en mi memoria.
Y asaltan los recuerdos
este viejo corazón que se emociona;
este anciano pecho que vive de olvidos,
de tiempos que fueron.
Pero nunca como desease.
Siempre con dolor, con la sensación
de no ser nadie, de no importar,
como sombra que se pisa
y no se aprecia.
Al cabo de tanto tiempo,
retorna la imagen,
la voz, la palabra,
el gesto, para mí esquivo,
tan feliz para otros.
Sueños de lo que pudo ser
y no fue nunca.
Tiempos idos que vuelven un instante,
para ser convertidos en lágrimas.