Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Nunca el cielo soñó que podía ser de madera,
ni las nubes del helecho, ni las lágrimas de lluvia, de arena.
Nunca soñaron las cuatro estaciones en llamarse primavera,
ni el río ser de oro macizo, ni las algas, de piedra.
Nunca el viento quiso soñar que llegaba hasta tu acera,
ni la farola que podría alumbrarte, ni la oscuridad que la vieras,
ni las palomas que volaran en tu parque, ni yo, que me quisieras.
Pero un día el cielo soñó y de tanto soñar, se le cayó una estrella
que te alumbró bajo sus pasos. Las nubes lloraron velas,
se encendieron los otoños y tú estabas allí, junto a tu puerta.
El río refrescó el verano, las piedras me hicieron una escalera,
el viento me empujó a tu calle, tus ventanas estaban abiertas,
las farolas me dieron la mano, subí a oscuras, casi a ciegas.
Las palomas me ayudaron a entrar, me pareció quedarme sin piernas.
Mis brazos se doblaron hacia atrás, se me rompió la camiseta,
dos alas me enseñaron a volar, llegué a ti y ya para siempre fue primavera
ni las nubes del helecho, ni las lágrimas de lluvia, de arena.
Nunca soñaron las cuatro estaciones en llamarse primavera,
ni el río ser de oro macizo, ni las algas, de piedra.
Nunca el viento quiso soñar que llegaba hasta tu acera,
ni la farola que podría alumbrarte, ni la oscuridad que la vieras,
ni las palomas que volaran en tu parque, ni yo, que me quisieras.
Pero un día el cielo soñó y de tanto soñar, se le cayó una estrella
que te alumbró bajo sus pasos. Las nubes lloraron velas,
se encendieron los otoños y tú estabas allí, junto a tu puerta.
El río refrescó el verano, las piedras me hicieron una escalera,
el viento me empujó a tu calle, tus ventanas estaban abiertas,
las farolas me dieron la mano, subí a oscuras, casi a ciegas.
Las palomas me ayudaron a entrar, me pareció quedarme sin piernas.
Mis brazos se doblaron hacia atrás, se me rompió la camiseta,
dos alas me enseñaron a volar, llegué a ti y ya para siempre fue primavera