Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal
Inicio el compartir mi libro inédito REQUIEN DE DESCONCIERTOS
(HOMENAJES) ; la primra parte se denomina:
I DESCONCIERTO. (a ellos)
presento el breve poema introductorio y el primer movimiento dedicado a Federico García Lorca:
Obertura (con puzzicatto ma non violento)
No es la clavija de un viejo violín
la que se astilla,
sino la tenaz clavícula
que se clava en la noche entre la carne
y su muerte necesaria.
Es el fémur de las excavaciones
tanto tiempo soterrado
el que nos pertenece
junto a la pobre rótula vacía.
Es el peroné el que se tensa,
como si la tibieza fuera
solo esta tibia
soledad de la osamenta que le acompaña.

Primer movimiento (A Federico García Lorca, jaleo a modo de elegía sin cuerpo)
Por eso, ahora te lo digo,
iremos por tu osario disperso, Federico,
por tu cal compartida
con los anónimos que también tiraron
junto a la luz de tu sangre inacabada.
Iremos a buscar tus omoplatos,
quizá contigo nos sentemos al banquete
que tus costillas dispusieron para amar.
¿Tus mandíbulas acaso pueden
cerrar el entusiasmo
ante la luna-luna y los gitanos,
o entre los negros de Harlem olvidados
y sus falanges azules como blues?
Derechos de autor reservados por ley
(HOMENAJES) ; la primra parte se denomina:
I DESCONCIERTO. (a ellos)
presento el breve poema introductorio y el primer movimiento dedicado a Federico García Lorca:
Obertura (con puzzicatto ma non violento)
No es la clavija de un viejo violín
la que se astilla,
sino la tenaz clavícula
que se clava en la noche entre la carne
y su muerte necesaria.
Es el fémur de las excavaciones
tanto tiempo soterrado
el que nos pertenece
junto a la pobre rótula vacía.
Es el peroné el que se tensa,
como si la tibieza fuera
solo esta tibia
soledad de la osamenta que le acompaña.

Primer movimiento (A Federico García Lorca, jaleo a modo de elegía sin cuerpo)
Por eso, ahora te lo digo,
iremos por tu osario disperso, Federico,
por tu cal compartida
con los anónimos que también tiraron
junto a la luz de tu sangre inacabada.
Iremos a buscar tus omoplatos,
quizá contigo nos sentemos al banquete
que tus costillas dispusieron para amar.
¿Tus mandíbulas acaso pueden
cerrar el entusiasmo
ante la luna-luna y los gitanos,
o entre los negros de Harlem olvidados
y sus falanges azules como blues?
Derechos de autor reservados por ley