ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
.
.
.
OBSERVACIÓN ACERCA DEL MIEDO.
.
.
I
Andante con moto
.
.
.
Al acabar esta generación es posible nos vayamos todos a la mierda,
y no vamos a perder el tiempo preocupándonos por imbecilidades,
es decir, la única diferencia entre un aficionado y un poeta
es que el poeta no teme; por ejemplo,
durante una larga caminata por el Bellas Artes
le aseguro a mi María: "mira bien a tu alrededor;
la mayoría de la gente que estás viendo
no existe, María; sólo sombras,
decorado, un mecanismo
para maximizar la eficiencia de la máquina;
y en esto Dios es austero;
ya lo sabes, cuando el árbol cae...
pero me imagino,
no querrás leer cosas tan aburridas, –Ella asiente con la cabeza,
pero en escala de grises.
Minutos después nos hallamos contemplando el fango original,
ojo con los desarrolladores,
cuando de pronto
irrumpe un electrón semejante a un hombre.
Ella lo mira, –no le hagas caso, Máttalo –le digo,
pero se lo digo en sentido figurado:
.
.
.
II
Allegro scherzando
.
.
.
Nosotros, como buenos admiradores de Roberto
aborrecemos las formas preconcebidas,
practicamos, pues, la pareidolia;
cuando el aburrimiento nos mata
trazamos un trazo y pasa tu tía en enaguas;
pasa un saco de peras;
pasa un teléfono de baquelita tarareando el motivo del destino;
pasa Canis lupus familiaris con chaleco, o peor,
Felis silvestris catus lamiéndose los icosaedros truncados;
pasa Cantinflas, pasa el Chavo;
pasa Ravel hasta las bolas del bolero;
pasa un Chincol chiflando la obertura 1812 de Chaikovski:
para imitar el estruendo de los cañonazos
azota el pico contra una marraqueta,
para emular el tañido de campanas
utiliza los testículos (ignoro cómo se dirá esto en l'argot du sexe,
por lo que me inclino por las rusas antes que por las francesas);
pasa un desfile de infinitos neonatos con sus respectivas mamas,
puérperas púberes, diríase, adiestradas por el plástico de Jesmar;
pasa tu hermana con los sueños al aire
y una gran pena de silicona en su finita boca;
pasa Mandolino;
pasa el Náufrago;
pasan los Académicos de la lengua (Daniel Vilches está pensando en tu hermana);
pasan los atletas de la risa a 100 kilómetros por hora: Ja, Ja, Ja;
pasa la antología completa de variopintos poetas de los cuales prescindo;
pasa un lote de huevones con I o con Smartphone equipados con audífonos,
jugando un juego huevón que consiste en unos pájaros de mierda arrojados contra no sé qué coprolitos;
pasan ancianos frustrados rumbo a la farmacia: tras adquirir Sildenafil
retornan con grandiosa sonrisa y una tremenda corneta
se escucha a lo lejos,
mientras que Julieta whatsappea a su Romeo: «¡sin condón, huevón,
o si no, no te doy la pasada!»
.
.
.
III
Adagio maestoso
.
.
.
Y me pregunto
si acabado este poema
será propicio eliminar los puntos y las comas
o si suena mejor así,
si acaso sería conveniente sustituir algunas ideas por otras
más abstractas,
o si le doy no más, como que he sido paco
y sin temor a los 30 que crujen
murmurando que el segundo acto ocurre más a prisa,
porque el tiempo es un espejo que se mira en el espejo,
prepotente, como un relámpago que cae desde lo alto
destrozando robles mientras erige cipreses,
una especie de Billy Puertas o Steve Trabajos
que pregunta, mientras resplandecen sus anteojos con el brillo áureo del progreso,
por qué no me subí a la máquina
y me conformé con pasar tumbado en cama
mirando el techo y sin embargo,
más feliz que la mierda
pensando en lo que escribiría mañana.
Cuando por fin me aplaste la noche
un bombillo de 100 watts vendrá a hacérmelas de sol,
y estaré encerrado,
con un ventilador USB acariciándome la cara.
Me olvidaré por completo del ismo de las bancas,
la prosperidad,
la competencia,
el éxito,
ese asqueroso hambre de triunfo que pareciera llenar el corazón del mundo,
mientras que me hundo
pero al estilo de los submarinos.
Al acabar esta generación
es posible nos vayamos todos a la mierda...
lejos.
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OBSERVACIÓN ACERCA DEL MIEDO.
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I
Andante con moto
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Al acabar esta generación es posible nos vayamos todos a la mierda,
y no vamos a perder el tiempo preocupándonos por imbecilidades,
es decir, la única diferencia entre un aficionado y un poeta
es que el poeta no teme; por ejemplo,
durante una larga caminata por el Bellas Artes
le aseguro a mi María: "mira bien a tu alrededor;
la mayoría de la gente que estás viendo
no existe, María; sólo sombras,
decorado, un mecanismo
para maximizar la eficiencia de la máquina;
y en esto Dios es austero;
ya lo sabes, cuando el árbol cae...
pero me imagino,
no querrás leer cosas tan aburridas, –Ella asiente con la cabeza,
pero en escala de grises.
Minutos después nos hallamos contemplando el fango original,
ojo con los desarrolladores,
cuando de pronto
irrumpe un electrón semejante a un hombre.
Ella lo mira, –no le hagas caso, Máttalo –le digo,
pero se lo digo en sentido figurado:
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II
Allegro scherzando
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Nosotros, como buenos admiradores de Roberto
aborrecemos las formas preconcebidas,
practicamos, pues, la pareidolia;
cuando el aburrimiento nos mata
trazamos un trazo y pasa tu tía en enaguas;
pasa un saco de peras;
pasa un teléfono de baquelita tarareando el motivo del destino;
pasa Canis lupus familiaris con chaleco, o peor,
Felis silvestris catus lamiéndose los icosaedros truncados;
pasa Cantinflas, pasa el Chavo;
pasa Ravel hasta las bolas del bolero;
pasa un Chincol chiflando la obertura 1812 de Chaikovski:
para imitar el estruendo de los cañonazos
azota el pico contra una marraqueta,
para emular el tañido de campanas
utiliza los testículos (ignoro cómo se dirá esto en l'argot du sexe,
por lo que me inclino por las rusas antes que por las francesas);
pasa un desfile de infinitos neonatos con sus respectivas mamas,
puérperas púberes, diríase, adiestradas por el plástico de Jesmar;
pasa tu hermana con los sueños al aire
y una gran pena de silicona en su finita boca;
pasa Mandolino;
pasa el Náufrago;
pasan los Académicos de la lengua (Daniel Vilches está pensando en tu hermana);
pasan los atletas de la risa a 100 kilómetros por hora: Ja, Ja, Ja;
pasa la antología completa de variopintos poetas de los cuales prescindo;
pasa un lote de huevones con I o con Smartphone equipados con audífonos,
jugando un juego huevón que consiste en unos pájaros de mierda arrojados contra no sé qué coprolitos;
pasan ancianos frustrados rumbo a la farmacia: tras adquirir Sildenafil
retornan con grandiosa sonrisa y una tremenda corneta
se escucha a lo lejos,
mientras que Julieta whatsappea a su Romeo: «¡sin condón, huevón,
o si no, no te doy la pasada!»
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III
Adagio maestoso
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.
Y me pregunto
si acabado este poema
será propicio eliminar los puntos y las comas
o si suena mejor así,
si acaso sería conveniente sustituir algunas ideas por otras
más abstractas,
o si le doy no más, como que he sido paco
y sin temor a los 30 que crujen
murmurando que el segundo acto ocurre más a prisa,
porque el tiempo es un espejo que se mira en el espejo,
prepotente, como un relámpago que cae desde lo alto
destrozando robles mientras erige cipreses,
una especie de Billy Puertas o Steve Trabajos
que pregunta, mientras resplandecen sus anteojos con el brillo áureo del progreso,
por qué no me subí a la máquina
y me conformé con pasar tumbado en cama
mirando el techo y sin embargo,
más feliz que la mierda
pensando en lo que escribiría mañana.
Cuando por fin me aplaste la noche
un bombillo de 100 watts vendrá a hacérmelas de sol,
y estaré encerrado,
con un ventilador USB acariciándome la cara.
Me olvidaré por completo del ismo de las bancas,
la prosperidad,
la competencia,
el éxito,
ese asqueroso hambre de triunfo que pareciera llenar el corazón del mundo,
mientras que me hundo
pero al estilo de los submarinos.
Al acabar esta generación
es posible nos vayamos todos a la mierda...
lejos.
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