Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Cuando te vas, no es como si partieras para siempre ¿qué puede ser siempre si le perteneces a mi mirada que se pierde en los horizontes que se encuentran al amanecer con una taza de café y mis labios y después de una eternidad, al atardecer del mismo día, con un suspiro de sol ocultándose tras las montañas y en las madrugadas de soñar; a los prados donde duermen inquietas las ovejas del insomnio? Cuando te vas no es como si partieras, si fuera así la mitad que soy después de ti se iría tras tus pasos y no quedaría de mí, aquí en nuestro sitio, nada que te recordara y eso, no, eso no me permito.
Sin embargo, cuando te vas a la cocina o la siesta, cuando sales a la terraza o te metes en tu cueva santuario del silencio todo aunque solo sea para desintoxicarte de mi aliento, o peor aún; cuando desvías un instante tu mirada de la mía; siento que el para siempre existe y entonces mis párpados sierran con dolor a mis ojos de acuarela que se astillan de terror al creer que tal vez eres como en verdad tú eres, y no como te siento en mi pecho de dolor y angustia, en la mar de dudas en donde zozobra mi esperanza de que no te vayas; de que no partas lo que soy en fragmentos que después no puedan rejuntarse; que no seas lo que veo de ti cuando acaricio tu piel de tierra húmeda recién llovida con agua de canela, ni en la profundidad de tu ser, que me mueve a quemarme en vida solo en el infierno, un vano enamoramiento pasajero y si como te creo, el amor de todos los días con cada una de sus noches.
Due 28. 04. 2014 en una madrugada en la que al abrir los ojos creí que le había olvidado.
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