danie
solo un pensamiento...
Amarte es una fábula quimera, un oasis que es solo un mito en un desierto, tal vez hasta sea un barco a la deriva sin brújula ni timón y que desesperadamente busca alguna costa para encallar su proa pero solo encuentra un iceberg que lo congela.
Amarte todas las noches es como besar la sal que se extrae de los guantes y del pico de la labor duro de un confinado minero, también es su sudor frío y lánguido que se escurre por su espalda asediada por la vida.
Amarte es un ambiente en el que germinan ajadas y marchitas semillas de un patente semblante de ébano que oscurece mi pecho y enlaza las sombras a las sábanas de mi cama.
Amarte es una celda en donde la humedad corroe mis huesos, un calabozo que por sus muros crecen helechos, los mismos que me atrapan y me seducen con la morbidez del sudario de mis viejos sueños agónicos, esos infaustos helechos que hundieron la aurora sobre un mar muerto y en su camino laceraron las paredes de la convicción de la mente.
Amarte es como una adicción que intoxica al corazón con su obvia hipocondría, necesaria y a la vez letal. Es que amarte son las dosis diarias del morbo de esos tantos difuntos sueños que una vez tuve, sueños incinerados que de ellos solo quedaron sus cenizas con un vestigio de esperanza en una recóndita esquina de mi patógeno corazón.
No puedo decir que amarte es la cura, ya que lo mío es crónico y tu medicina solo causa dolor, pero el dolor me recuerda que estoy vivo
Triste masoquismo que gracias a su viperino oxígeno, todavía respiro.
Amarte todas las noches es como besar la sal que se extrae de los guantes y del pico de la labor duro de un confinado minero, también es su sudor frío y lánguido que se escurre por su espalda asediada por la vida.
Amarte es un ambiente en el que germinan ajadas y marchitas semillas de un patente semblante de ébano que oscurece mi pecho y enlaza las sombras a las sábanas de mi cama.
Amarte es una celda en donde la humedad corroe mis huesos, un calabozo que por sus muros crecen helechos, los mismos que me atrapan y me seducen con la morbidez del sudario de mis viejos sueños agónicos, esos infaustos helechos que hundieron la aurora sobre un mar muerto y en su camino laceraron las paredes de la convicción de la mente.
Amarte es como una adicción que intoxica al corazón con su obvia hipocondría, necesaria y a la vez letal. Es que amarte son las dosis diarias del morbo de esos tantos difuntos sueños que una vez tuve, sueños incinerados que de ellos solo quedaron sus cenizas con un vestigio de esperanza en una recóndita esquina de mi patógeno corazón.
No puedo decir que amarte es la cura, ya que lo mío es crónico y tu medicina solo causa dolor, pero el dolor me recuerda que estoy vivo
Triste masoquismo que gracias a su viperino oxígeno, todavía respiro.