Ocaso

Ocaso


Como se me da esto de extrañarte

en la hora cero,

cuando el hilo está a punto de romperse

y el llanto a punto de sal.

Las telarañas de estas cuatro paredes no

conocen de tiempo,

mas si de doler al costado izquierdo.

Lluéveme en el instante

exacto en

el que me faltas,

desde los mil años de este sueño,

hasta la eternidad en la que muere el sol…

Ay, querida Ros, si el extrañar fuera un oficio yo creo que ya tendríamos una mansión en Dubái. Al menos somos ricos en emociones, y agradezco que compartas las tuyas en la forma de estos sentidos versos.
Hazme el favor de tener unas fiestas increíbles, acábate la cava si es preciso, canta, baila y sé feliz siquiera por joder. Te mando un fuerte abrazo y muchas gracias por la buena compañía en este año que se escapa. ¡Salud!
 

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