ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
I
Se terminó el turno, Sergio.
II
Y fueron 30 años con el sol sumándote canas,
eso y la garganta del zorzal,
toda la palabra del zorzal o, manteniendo las distancias con Gardel,
dijéramos chincol,
de tanto echar afuera el canto,
de tanto echar afuera el canto.
III
A dormirse luego,
pensando el día siguiente y
marcación tras marcación cantarle al gallo.
IV
Saludar a uno que a otro perro si hizo falta,
y acarrear las llaves
con la vida,
con toda la vida y el principio de la muerte,
deambulando en los pasillos,
consultando si había alguien,
y luego marcharse
o marchitarse o machacarse, chiflando entre las sombras,
como pidiendo,
suplicándole a sus fémures dolidos.
V
Y POR CIERTO
que estas aves no tienen cálamo
y no obstante saben cantar con la pura vida,
con el puro corazón de darlo todo
y sin recibir nada,
echan vuelo.
Dicen, también: –hola– indistintamente a idiotas y a genios,
despidiéndose luego.
VI
Ea, baten la mano,
lanzan un chiflido,
son poetas mancos,
mudos,
tienen los zapatos rotos
de tanto andar cargando patíbulos.
VII
Pero habrá otros Sergios
haciendo largas filas, preguntando: –¿este es el pago?– agachando la cabeza
con la humildad de las tórtolas,
y yéndose, ¡Ay hombre!,
con la suavidad que las palomas
y yéndose más,
pero no dicen ni pío,
pero no miran atrás.
VIII
Y mueren,
cada día
a cada segundo.
Se van sin júbilo.
Vuelan hasta el reino de los cielos.
Se terminó el turno, Sergio.
II
Y fueron 30 años con el sol sumándote canas,
eso y la garganta del zorzal,
toda la palabra del zorzal o, manteniendo las distancias con Gardel,
dijéramos chincol,
de tanto echar afuera el canto,
de tanto echar afuera el canto.
III
A dormirse luego,
pensando el día siguiente y
marcación tras marcación cantarle al gallo.
IV
Saludar a uno que a otro perro si hizo falta,
y acarrear las llaves
con la vida,
con toda la vida y el principio de la muerte,
deambulando en los pasillos,
consultando si había alguien,
y luego marcharse
o marchitarse o machacarse, chiflando entre las sombras,
como pidiendo,
suplicándole a sus fémures dolidos.
V
Y POR CIERTO
que estas aves no tienen cálamo
y no obstante saben cantar con la pura vida,
con el puro corazón de darlo todo
y sin recibir nada,
echan vuelo.
Dicen, también: –hola– indistintamente a idiotas y a genios,
despidiéndose luego.
VI
Ea, baten la mano,
lanzan un chiflido,
son poetas mancos,
mudos,
tienen los zapatos rotos
de tanto andar cargando patíbulos.
VII
Pero habrá otros Sergios
haciendo largas filas, preguntando: –¿este es el pago?– agachando la cabeza
con la humildad de las tórtolas,
y yéndose, ¡Ay hombre!,
con la suavidad que las palomas
y yéndose más,
pero no dicen ni pío,
pero no miran atrás.
VIII
Y mueren,
cada día
a cada segundo.
Se van sin júbilo.
Vuelan hasta el reino de los cielos.
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