La selva tiene fabulas dormidas,
escurriendo en helechos perfumados.
La sombra nunca deja los dorados
rayos, besar las huellas escondidas.
Las piedras tienen voces ancestrales
atrapadas en humedas raices.
El indio solo lleva cicatrices,
empapadas de lluvia en sus morrales.
Ocosingo y su valle, huele a ocote
mojado, y a humo de madera antigua.
Cubierto de neblina, canta el tecolote,
y un indio temeroso se santigua.
En su choza cocina tierno elote
aromando su vida en forma ambigua.
En la selva el tiempo es de los hombres,
nunca de los relojes...
german g
a