Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
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En Recital Voces Video A la Poesía Más Ocre LLanto
Ocre Llanto
Ocre llanto de sangre coagualada
bajo esta bolsa de basura,
bajo esta lluvia de piedras infinita;
grito lapidado vivo por el cielo.
Aquí, dentro de la bolsa
me cuesta respirar,
¿moriré acaso de asfixia,
o viviré por el contrario
para ver vaciarse, de sangre,
las heridas?
Si la primera piedra
me alcanzara la cabeza,
tal vez muriera dormida, desmayada
y no podrían ver mis ojos,
mi cuerpo mutilado,
antes de morir.
Perdóneme señor juez, dios lo haría;
y me retuerzo sobre mí,
vuelvo al vientre de mi madre.
Perdóneme señor juez,
los gritos del gentío se ensombrecen
aquí bajo esta bolsa,
mientras las primeras piedras
deshacen mis rodillas.
Perdóneme señor juez,
todos los recuerdos,
aquí,
debajo de mi bolsa,
se manchan de un cruel rojo
mientras mis manos claudican,
dejan de proteger mi rostro.
Dios,
perdóname,
el llanto,
se hace inútil,
aquí,
debajo de tu bolsa
mientras las piedras,
ya cierran firme mi ataúd.
En Recital Voces Video A la Poesía Más Ocre LLanto
Ocre Llanto
Ocre llanto de sangre coagualada
bajo esta bolsa de basura,
bajo esta lluvia de piedras infinita;
grito lapidado vivo por el cielo.
Aquí, dentro de la bolsa
me cuesta respirar,
¿moriré acaso de asfixia,
o viviré por el contrario
para ver vaciarse, de sangre,
las heridas?
Si la primera piedra
me alcanzara la cabeza,
tal vez muriera dormida, desmayada
y no podrían ver mis ojos,
mi cuerpo mutilado,
antes de morir.
Perdóneme señor juez, dios lo haría;
y me retuerzo sobre mí,
vuelvo al vientre de mi madre.
Perdóneme señor juez,
los gritos del gentío se ensombrecen
aquí bajo esta bolsa,
mientras las primeras piedras
deshacen mis rodillas.
Perdóneme señor juez,
todos los recuerdos,
aquí,
debajo de mi bolsa,
se manchan de un cruel rojo
mientras mis manos claudican,
dejan de proteger mi rostro.
Dios,
perdóname,
el llanto,
se hace inútil,
aquí,
debajo de tu bolsa
mientras las piedras,
ya cierran firme mi ataúd.
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