Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal

Ya tu voz pasa por el paladar, áspera
sangra alcoholes insatisfechos
y no hay en el sostén óseo de la nuca
una canción que diga la diatriba
para esta patria sin duelo.
Sólo la matria canta, abuela que rasga
las cavernas del olvido.
Ponme la mano aquí, ya descascarada.
En la cadera, en el vientre,
en el bajo perfil de la alborada.
Tú cantaste los falsos acordes
de los bares perdidos en los bulevares.
No vayan a enmudecerte: ya acabaste,
solo se cuecen habas
donde todos las huelen
con sus narices torpes, sus tabiques,
sus pulmones de incendio entre la noche.
Esta tierra pequeña te perdona,
ahora perdónanos tanta lejanía infringida,
tanto inhóspito portón de la ignorancia.
Tienes derecho de cantar con sangre,
pasionaria de la lluvia que te llevaste
a los caminos,
en los agostos turbios de una cicatriz
que no restaña.
Deja tu acerba calavera a la ventura,
solo cabe en el viento tu armadura,
en el rancho imposible donde hay luces
y sombras que te gozan.
De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
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