Alberto de la Morabia
Poeta recién llegado
A la memoria de Belén González
Hoy viniste otra vez con pasos mudos,
A rondar los pasillos de mi mente:
un almuerzo en tu casa de Sevilla,
esta playa final sin accidentes,
Paisaje elemental en que se encuentran,
al ocre y al azul de un mapamundi,
la piel de mi país junto a la orilla,
la línea marginal del continente,
el cielo horizontal, el sol poniente,
y el círculo polar de una sombrilla.
Naturaleza fría que ondulante,
acaricia mis pies y se resigna,
a desaparecer, sin nada que contarme.
Atardecer compuesto en mi cabeza,
En que voy perfilando los detalles:
de la risa del mar la boca blanca,
con los ojos colmados de llantos abisales,
vuelves para decirme que el mar te llevó lejos,
adonde mis recuerdos no te alcanzan,
que ahora le perteneces a las cosas,
al ciclo interminable de los días,
al número infinito de los años
al lento devenir de las mareas,
que eres la duna y el viento de levante,
que revuelve las aguas incesante,
que todo finaliza cuando empieza.
Hoy viniste otra vez con pasos mudos,
A rondar los pasillos de mi mente:
un almuerzo en tu casa de Sevilla,
esta playa final sin accidentes,
Paisaje elemental en que se encuentran,
al ocre y al azul de un mapamundi,
la piel de mi país junto a la orilla,
la línea marginal del continente,
el cielo horizontal, el sol poniente,
y el círculo polar de una sombrilla.
Naturaleza fría que ondulante,
acaricia mis pies y se resigna,
a desaparecer, sin nada que contarme.
Atardecer compuesto en mi cabeza,
En que voy perfilando los detalles:
de la risa del mar la boca blanca,
con los ojos colmados de llantos abisales,
vuelves para decirme que el mar te llevó lejos,
adonde mis recuerdos no te alcanzan,
que ahora le perteneces a las cosas,
al ciclo interminable de los días,
al número infinito de los años
al lento devenir de las mareas,
que eres la duna y el viento de levante,
que revuelve las aguas incesante,
que todo finaliza cuando empieza.