Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Tras la luna nueva llegará octubre:
altos los pómulos, encalada la cerviz,
dulce la sangre, con su catedral
de vientos y su luz monacal, paciente
como el grano, verde como el junco,
con el corazón temblando en los labios,
respirando a mar que no pudo nacer,
tan próximo a mi arteria, tan lejano de mí.
Vienes con tus heridas pálidas,
con el ámbar del atardecer,
con un humeante tambor palpitando
en las venas, con las pupilas
ebrias de voces que te nombran.
Vienes allende las mareas como una luz de gas.
Vienes de donde los sueños tienen el color del musgo,
de donde el viento despierta y es aurora.
Vienes de la niebla y hacia la niebla vas.
No me niegues tu sangre y guárdame la ausencia
por si antes cayera la losa sobre mi pecho.
altos los pómulos, encalada la cerviz,
dulce la sangre, con su catedral
de vientos y su luz monacal, paciente
como el grano, verde como el junco,
con el corazón temblando en los labios,
respirando a mar que no pudo nacer,
tan próximo a mi arteria, tan lejano de mí.
Vienes con tus heridas pálidas,
con el ámbar del atardecer,
con un humeante tambor palpitando
en las venas, con las pupilas
ebrias de voces que te nombran.
Vienes allende las mareas como una luz de gas.
Vienes de donde los sueños tienen el color del musgo,
de donde el viento despierta y es aurora.
Vienes de la niebla y hacia la niebla vas.
No me niegues tu sangre y guárdame la ausencia
por si antes cayera la losa sobre mi pecho.