Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
Amo las anáforas, las pienso todo el tiempo,
Me casaría con ella en cien vidas,
Sin párrocos ni jueces,
Sin oír lo que alguien tenga que decir o callar,
Las adoro por lo persistentes y fieles,
Aparecen en mis sopas y en mis libros,
Las sueño nocturna y diurnamente,
Parado, sentado, hincado, arrodillado y hasta boca abajo,
Exacerban mis lagrimales,
Me contradicen,
Me calman y me desesperan,
Me enloquecen y me pacifican,
Me aman y me odian,
Me extrañan tanto que me maltratan drásticamente.
Me casaría con ella en cien vidas,
Sin párrocos ni jueces,
Sin oír lo que alguien tenga que decir o callar,
Las adoro por lo persistentes y fieles,
Aparecen en mis sopas y en mis libros,
Las sueño nocturna y diurnamente,
Parado, sentado, hincado, arrodillado y hasta boca abajo,
Exacerban mis lagrimales,
Me contradicen,
Me calman y me desesperan,
Me enloquecen y me pacifican,
Me aman y me odian,
Me extrañan tanto que me maltratan drásticamente.