Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Qué tesón el de ciertos colchones, para lidiar por años
y años con dos cuerpos disidentes...
Si bien, los colchones resoplan felices
bajo el peso del amor un tiempo, vencidos luego
por la rutina, más que por el peso, resisten pacientes
los espalda con espalda de la desidia (aunque,
con ansiedad de besos que mutaron, receptores
de secretos adúlteros y carentes casi de los fluidos
del amor original, en su lugar, acaban los colchones
enjugando en sus almohadas, lágrimas de amargo fin).
Dramas que, mudos, llevarán calados
en sus agobiadas y fofas osamentas, hasta el mísero
cementerio del basural. Mas quién sabe si allí,
aún abatidos y maltrechos, sus resortes de placer,
no son recogidos por algún hermano desprovisto,
para seguir acopiando más amor, desidia, etcétera.
Y yo, amor, que compadezco mi colchón con tu lado
despoblado, reacio él todavía a presencias transitorias,
inmediatamente de exigido por el trajín de otra pasión,
lo conformo de este modo: Lo palmeo y le informo: Tú sí,
por valiente y no rendirte jamás al costumbrismo, amén
nuestros lapsos de intimista soledad, tienes un dulce,
muy dulce futuro que acunar; pues nuestra idolatrada,
ha dado cálidas señales de volver.
y años con dos cuerpos disidentes...
Si bien, los colchones resoplan felices
bajo el peso del amor un tiempo, vencidos luego
por la rutina, más que por el peso, resisten pacientes
los espalda con espalda de la desidia (aunque,
con ansiedad de besos que mutaron, receptores
de secretos adúlteros y carentes casi de los fluidos
del amor original, en su lugar, acaban los colchones
enjugando en sus almohadas, lágrimas de amargo fin).
Dramas que, mudos, llevarán calados
en sus agobiadas y fofas osamentas, hasta el mísero
cementerio del basural. Mas quién sabe si allí,
aún abatidos y maltrechos, sus resortes de placer,
no son recogidos por algún hermano desprovisto,
para seguir acopiando más amor, desidia, etcétera.
Y yo, amor, que compadezco mi colchón con tu lado
despoblado, reacio él todavía a presencias transitorias,
inmediatamente de exigido por el trajín de otra pasión,
lo conformo de este modo: Lo palmeo y le informo: Tú sí,
por valiente y no rendirte jamás al costumbrismo, amén
nuestros lapsos de intimista soledad, tienes un dulce,
muy dulce futuro que acunar; pues nuestra idolatrada,
ha dado cálidas señales de volver.
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