IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
No odiarse a uno mismo
hace que se siembre veneno
en donde solíamos dormir a salvo,
no odiarse a uno mismo
genera heridas ajenas,
por nuestras espinas crecidas,
no odiarse a uno mismo
solo atrae problemas,
de raíces de fuego vivo,
no odiarse a uno mismo
nos vuelve cómplices,
de culpas tan propias como profundas,
que nos negamos a aceptar,
no odiarse a uno mismo
es reflejo impotente,
del rechazo, infantil,
que nos evoca
no ser perfectos,
no odiarse a uno mismo
es simular perdonarnos,
aún cuando nuestro mundo
se diluye en nuestras palmas,
por anhelar atraparlo,
no odiarse a uno mismo
nos condena sin necesidad,
a padecer los peores infiernos posibles,
al no responsabilizarnos
por nuestras acciones,
secuencias sin cuestionamientos
para desfavorables reacciones en cadena,
y por último,
no odiarse a uno mismo
es triste reflejo,
de negar nuestra maldad,
de negarnos a superarla.
hace que se siembre veneno
en donde solíamos dormir a salvo,
no odiarse a uno mismo
genera heridas ajenas,
por nuestras espinas crecidas,
no odiarse a uno mismo
solo atrae problemas,
de raíces de fuego vivo,
no odiarse a uno mismo
nos vuelve cómplices,
de culpas tan propias como profundas,
que nos negamos a aceptar,
no odiarse a uno mismo
es reflejo impotente,
del rechazo, infantil,
que nos evoca
no ser perfectos,
no odiarse a uno mismo
es simular perdonarnos,
aún cuando nuestro mundo
se diluye en nuestras palmas,
por anhelar atraparlo,
no odiarse a uno mismo
nos condena sin necesidad,
a padecer los peores infiernos posibles,
al no responsabilizarnos
por nuestras acciones,
secuencias sin cuestionamientos
para desfavorables reacciones en cadena,
y por último,
no odiarse a uno mismo
es triste reflejo,
de negar nuestra maldad,
de negarnos a superarla.