Oficina en un interior

Pessoa

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OFICINA EN UN INTERIOR

De tus dedos brotan sin cesar letras y números como si de una fuente tipográfica se tratase, mi pequeña secretaria. La pieza, escasa y oscura, es propicia para el amor no para redactar informes. Sin embargo te quiero más por eso, por tu pulcritud en los escritos y el ritmo regular de la efusión de las letras desde tus dedos de arcángel.

La teología de los despachos es inaccesible para quienes no sabemos amar. Apenas tú, ídolo, figuras en la nómina de los absurdos. Pero tu esplendorosa cabellera dorada vuela a cada latido que imprimes a tu máquina de escribir. Y yo me oculto para que tú puedas ver el otro sol, el de la farola con lámpara de mercurio que ilumina los viejos andenes de la estación de autobuses.

Con jadeo monorítmico controlas la secuencia de los párrafos, estableces el horario de los eclipses y dormitas entre ambos cigarrillos; yo confío en tu experto navegar entre las volutas de humo, mi pequeña secretaria. Abro la ventana a la luna que, felina, guiña un ojo y nos espía. Ocaso del amor obsceno piensa ella que se consumará entre nosotros.

Junto a la luz palpitante y fría de la luna penetra la ausencia de los deseos libidinosos. Eres sólo una fotografía en un calendario, mi pequeña aspiración o ensueño. Tú eres sólo unas hermosas caderas que se contonean fijamente en los brillos del papel couché que te da vida. Y yo soy vicio.

Contemplo tus pechos, filigrana entre las puntillas que adornan el escote mercenario. Algún rayo de luz malicioso subraya matices de carnaciones renacentistas en tus mejillas, que alguien ha injuriado escribiendo sobre ellas unos torpes números de teléfono, oh casta mía.

Y ahora te me diluyes como el humo blanquinoso de un cigarrillo, te elevas en empírea curva hacia el cielo raso manchado de nuestro refugio, de esta oficina con su pequeña ventana abierta a un patio sombrío y húmedo, que nos resguarda de las falacias de la ciudad.

Te diluyes en la sombra como un vaho que se fija sobre el cristal, te ahuyentas con el soplo de la brisa o aroma que llega desde las rosas abandonadas a su muerte.

Estilógrafa de lánguido mirar desde la tosca fotografía del calendario caduco, abandonas mi sueño para alcanzar la lascivia que te ofrecen las revistas del corazón, esas que nunca he leído en las salas de espera de los abogados calvos.

Te seguirás mostrando, equívoca, en las manchas de humedad de las paredes del patio; en alguna canción lasciva que suba desde los talleres mecánicos; en los líquenes fractálicos que adornan a su pesar los bordes de las tuberías de desagüe. Te seguirás mostrando en tu más íntima belleza, la que yo te he conferido en mis sueños entre anotaciones contables.

Ahora, como purgatorio inexcusable, morarás algún tiempo -para ti el tiempo no tiene valor- entre las fragancias de las flores del parquecito de al lado y las fétidas esencias de los motores mal reglados. Y se ajarán tus pómulos sensuales haciendo indescifrables los números de los teléfonos. Serás una razón para los olvidos.

No te culpo; sabes que siempre ocuparás el hueco que deja tu imagen en el calendario que alguien sin sentimientos arrojó anoche a la papelera.

Adiós.


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Bueno, Guadalupe; otro punto de coincidencia más en el medallero. Mario Benedetti es uno de mis autores preferidos; y su "La tregua" uno de sus relatos que más me impactaron. Por proximidad de circunstancias; al borde de la jubilación; su miedo pánico a ser un jubilado insomne... Tres hijos. ¿hijos? El recuerdo de su esposa difunta. Un marco estrecho para tanta vida. Porque ¿donde dejamos sus maravillosos poemas? Gracias por este recordatorio. Como siempre mi saludo más cariñoso.
miguel
 
Bueno, Guadalupe; otro punto de coincidencia más en el medallero. Mario Benedetti es uno de mis autores preferidos; y su "La tregua" uno de sus relatos que más me impactaron. Por proximidad de circunstancias; al borde de la jubilación; su miedo pánico a ser un jubilado insomne... Tres hijos. ¿hijos? El recuerdo de su esposa difunta. Un marco estrecho para tanta vida. Porque ¿donde dejamos sus maravillosos poemas? Gracias por este recordatorio. Como siempre mi saludo más cariñoso.
miguel


Miguel, siendo asi entonces le comounico que hace tiempo un gran amigo me introdujo a la película “El Lado Ocuro del Corazón” en ella estaba este poema de Mario Benedetti. Poco tiempo después lei “La Tregua” y le acabo de prestar el ejemplar a una amiga que por casualidad no me lo ha regresado. Prestar libros es una maña que no he dejado y debería porque pocas veces me los regresa. :(

Saludos estimado poeta y compañero desde una tarde melancólica y simple,
 
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