¡Oh, Fidel! ¡Qué tristeza!
El tiempo substrajo de mi despensa las uvas de la oportunidad.
No pude disponer, a tiempo, de la navaja pretendida.
Cuando la tuve, el tiempo se deshizo en afilar la hoja y La Muerte bufó su osadía.
¡Oh, Fidel! ¡Qué tristeza!
No tuve el filo necesario para deshacerme de tu ominosa y nauseabunda barba. Ahora
es el peso de la nariz de La Muerte.
El tiempo substrajo de mi despensa las uvas de la oportunidad.
No pude disponer, a tiempo, de la navaja pretendida.
Cuando la tuve, el tiempo se deshizo en afilar la hoja y La Muerte bufó su osadía.
¡Oh, Fidel! ¡Qué tristeza!
No tuve el filo necesario para deshacerme de tu ominosa y nauseabunda barba. Ahora
es el peso de la nariz de La Muerte.