despertando
Poeta adicto al portal
¡Oh! paz de mi corazón,
que me invades en mi soledad.
¡Oh! plenitud, armonía
y una ligera alegría
que habita en el alma mía.
¡Oh! sendero del Bien,
que te encuentras en estos
nemorosos bosques
de mis plácidos caminos
en solitario.
Donde contemplo todo lo bello
de mi alrededor,
que es la luz que me proyecta
Tu tierno amor.
Esta tarde sólo he visto
lo bello de las gentes,
lo más puro de los niños,
los sentimientos más dulces
de las madres,
la bondad de los hombres;
y me quedo con eso de mi tierra,
de mi amada España.
No quiero ver su odio,
su rencor, su rabia,
sus heridas abiertas
su inconsciencia,
su destrucción…
¡Oh! inmortales almas,
hechas a vuestro antojo:
dime, ¿qué ven tus ojos?
Quiero verte hermosa, España;
por eso me separo,
me retiro a la casica
de mi frondosa montaña,
y veo la incorruptible belleza
de la deidad de la naturaleza,
de esta Sanabría de mi alma.
que me invades en mi soledad.
¡Oh! plenitud, armonía
y una ligera alegría
que habita en el alma mía.
¡Oh! sendero del Bien,
que te encuentras en estos
nemorosos bosques
de mis plácidos caminos
en solitario.
Donde contemplo todo lo bello
de mi alrededor,
que es la luz que me proyecta
Tu tierno amor.
Esta tarde sólo he visto
lo bello de las gentes,
lo más puro de los niños,
los sentimientos más dulces
de las madres,
la bondad de los hombres;
y me quedo con eso de mi tierra,
de mi amada España.
No quiero ver su odio,
su rencor, su rabia,
sus heridas abiertas
su inconsciencia,
su destrucción…
¡Oh! inmortales almas,
hechas a vuestro antojo:
dime, ¿qué ven tus ojos?
Quiero verte hermosa, España;
por eso me separo,
me retiro a la casica
de mi frondosa montaña,
y veo la incorruptible belleza
de la deidad de la naturaleza,
de esta Sanabría de mi alma.