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En esta tarde de otoño,
triste y solitaria,
sigilosa llegas a este olmo
con tu brisa perfumada,
mi dulce y sola soledad.
¡Qué gris se halla el cielo!
¡Cómo sopla el viento en la ribera!
doradas hojas por el aire vuelan
y otras, caminos van cubriendo.
¡OH soledad!
dulce y sola soledad,
como te amo a veces,
a veces como te odio.
Algunas veces,
necesaria eres,
otras, castigo.
Eres cual ave despierta
de su letargo vivido
y entristecida y turbia,
despliegas tus alas
para descender del alto valle
y cubrir con tu sombra,
a la persona donde hacer tu nido.
¡Cómo te agradezco tu presencia inmaculada,
cuando el valle se ha dormido
en esta ribera olvidada,
y la espesa bruma acaricia los árboles
y las soñolientas ramas de los sauces,
dormitan junto al río.
¡OH soledad!
dulce y sola soledad,
como te amo a veces,
a veces como te odio.
Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados
21/1072014
Si nos acompaña un poco no es tanta la soledad, creo que la verdadera, la que nos hace pequeños está dentro de nosotros, necesitamos un nexo de unión con el todo para librarnos de ella. Hermoso poema amigo Luis. Un abrazo. Paco.