Álex Hernández
Poeta recién llegado
Ojalá nadie te bese,
que nadie sepa el escrutinio
de los días
en los que no estás.
Que nadie abra tus labios,
que no deshojen tu primavera:
que no te quieran.
Ojalá nadie sepa lo que es estar a solas.
Que duele menos el mundo si son tus ojos,
quienes den la mala noticia: inevitable.
Jamás supiste como querernos,
y yo, nunca supe como dejarte ir.
Te ibas, pero siempre te quedabas.
Y esa maldita costumbre
de descoserlo todo,
se nos daba muy bien.
Y yo, que te quería como trapecista
sobre la cuerda floja: con mis miedos de frente,
y una soja sujetada a mi cuello.
Ese que besabas con tanta dulzura,
cuando me susurrabas
que el amor
era un puñado de desaciertos;
que tú y yo,
eramos un error que jamás debido
desafiar las leyes de la física.
Y eso hice: te creí.
Nos creí un error,
y al final del filo de tus bragas,
las noches pasaban lentas,
mientras tu cara,
decía vuelve.
y yo,
ya no quise escuchar.
que nadie sepa el escrutinio
de los días
en los que no estás.
Que nadie abra tus labios,
que no deshojen tu primavera:
que no te quieran.
Ojalá nadie sepa lo que es estar a solas.
Que duele menos el mundo si son tus ojos,
quienes den la mala noticia: inevitable.
Jamás supiste como querernos,
y yo, nunca supe como dejarte ir.
Te ibas, pero siempre te quedabas.
Y esa maldita costumbre
de descoserlo todo,
se nos daba muy bien.
Y yo, que te quería como trapecista
sobre la cuerda floja: con mis miedos de frente,
y una soja sujetada a mi cuello.
Ese que besabas con tanta dulzura,
cuando me susurrabas
que el amor
era un puñado de desaciertos;
que tú y yo,
eramos un error que jamás debido
desafiar las leyes de la física.
Y eso hice: te creí.
Nos creí un error,
y al final del filo de tus bragas,
las noches pasaban lentas,
mientras tu cara,
decía vuelve.
y yo,
ya no quise escuchar.