Faustgalen
Poeta recién llegado
Confundiendo al dios con satán se ha desatado el holocausto,
Y al limbo siniestro, con el cielo turquesa de la nada,
Buda es el otro gran engaño: el nihilismo antropomorfizado,
El inconsciente colectivo en la práctica,
La flor sin pétalos,
El orgasmo sin cuerpos,
La vida sin alma.
Su vacuidad es el egoísmo donde declara su patria,
El universo mismo de la sobriedad y el gozo sin locura,
El universo en estado de onda,
Y los pensamientos son las pinturas del Bosco, Doré y Beksinski,
Vistas desde murallas amenazantes, que apaciguan su alma,
La contemplación desinteresada, cara viejo muerto o anciana sin vida,
Una sonrisa sardónica es la lumbrera de Buda: la muerte en una sonrisa,
El poder sobre la muerte es el poder de Buda,
Ángel de la muerte en tierra de larvas indignas,
Ángel de la vida que muestra su palma, límpida: ¡pero solo sonríe!
¿Qué ocultan las sonrisas de los malditos?
¿Qué oculta la sonrisa de Buda?
El nirvana no es como lo pintan filósofos o poetas,
Es el regreso a la nada, a la implosión de la materia,
¿Es Buda un poeta de la muerte?
¿Quién ha escrito?: El Buda como docente,
La locura de las masas no podría sucumbir a la empresa de semejante barbarie,
Las escuelas de la muerte no venden en los tiempos que corren,
La antítesis del genio de la especie es su propio concepto,
¡Pero hay que emular la quietud del Buda, y nada más!
Al poco tiempo pareceríamos maniquíes en estado de éxtasis,
Las nuevas lumbreras de los estúpidos, viendo el túnel, en un espejo hecho trizas,
Solo con cabeza y torso, sin nada más: que esperar.
Hay que vaciarse los sesos, ese el norte de Buda,
Hay que negar los conceptos en su opinión,
Martillar una pared a las tres de la mañana para alcanzar la iluminación,
Escapar de los cuerpos deformes que nos atrapan,
Bendecir a los pobres —la totalidad de bípedos— que nos rodean,
Escuchar el sonido de las cenizas,
Ver el coito de nuestros progenitores antes de la vida,
Escapar al silencio, y cerrando los ojos, en la caverna de Platón,
Vivir en una botella, bailar en los sueños, bañarse en el sol.
Saltar como las piedras en el estanque y luego:
Escuchar el sonido de las profundidades.
Y al limbo siniestro, con el cielo turquesa de la nada,
Buda es el otro gran engaño: el nihilismo antropomorfizado,
El inconsciente colectivo en la práctica,
La flor sin pétalos,
El orgasmo sin cuerpos,
La vida sin alma.
Su vacuidad es el egoísmo donde declara su patria,
El universo mismo de la sobriedad y el gozo sin locura,
El universo en estado de onda,
Y los pensamientos son las pinturas del Bosco, Doré y Beksinski,
Vistas desde murallas amenazantes, que apaciguan su alma,
La contemplación desinteresada, cara viejo muerto o anciana sin vida,
Una sonrisa sardónica es la lumbrera de Buda: la muerte en una sonrisa,
El poder sobre la muerte es el poder de Buda,
Ángel de la muerte en tierra de larvas indignas,
Ángel de la vida que muestra su palma, límpida: ¡pero solo sonríe!
¿Qué ocultan las sonrisas de los malditos?
¿Qué oculta la sonrisa de Buda?
El nirvana no es como lo pintan filósofos o poetas,
Es el regreso a la nada, a la implosión de la materia,
¿Es Buda un poeta de la muerte?
¿Quién ha escrito?: El Buda como docente,
La locura de las masas no podría sucumbir a la empresa de semejante barbarie,
Las escuelas de la muerte no venden en los tiempos que corren,
La antítesis del genio de la especie es su propio concepto,
¡Pero hay que emular la quietud del Buda, y nada más!
Al poco tiempo pareceríamos maniquíes en estado de éxtasis,
Las nuevas lumbreras de los estúpidos, viendo el túnel, en un espejo hecho trizas,
Solo con cabeza y torso, sin nada más: que esperar.
Hay que vaciarse los sesos, ese el norte de Buda,
Hay que negar los conceptos en su opinión,
Martillar una pared a las tres de la mañana para alcanzar la iluminación,
Escapar de los cuerpos deformes que nos atrapan,
Bendecir a los pobres —la totalidad de bípedos— que nos rodean,
Escuchar el sonido de las cenizas,
Ver el coito de nuestros progenitores antes de la vida,
Escapar al silencio, y cerrando los ojos, en la caverna de Platón,
Vivir en una botella, bailar en los sueños, bañarse en el sol.
Saltar como las piedras en el estanque y luego:
Escuchar el sonido de las profundidades.