Quede impresionado por unos ojos de mujer que nunca había mirado. Pasé como sin querer y en mi andar ajetreado no la volteé ni siquiera a ver, hasta que coincidimos en el semáforo.
Su ternura provocaba algo nuevo, no el pensamiento raudo y estereotipado, sino más bien era la bondad andando.
Era una mujer no entrada en años ni joven... no enmarcada en vestido caro ni falda llamativa. Portaba pantalones claros, debajo de la rodilla, bolso colgado del brazo y libreta, ya que siempre escribía...
Miraba de reojo la luz roja, esperando el turno para transitar entre los autos. No ponía atención a otra cosa mas que a su libreta.
Por un momento se mordió los labios y levanto los ojos, como recordando, para luego escribir con mayor ahínco.
El semáforo cambió de luz y cruzamos una veintena de personas. Yo caminaba a su lado imaginando que en su cuaderno estaría plasmando las mejores rosas de su pensamiento.
Creía con toda certeza que la había visto en otro lado, no era casual que la encontrara caminando.
Llagamos al otro lado de la avenida y cada quien siguió por su lado.
Quisiera saber que escribía... pues sus manos volaban por el lineado.
Sus ojos recuerdo con agrado, pues aunque sabía que todos la mirábamos ella se concentró en su trabajo... y no miró ni arriba ni abajo, ni para éste ni para ningún lado.
Ojos de mujer que a todos nos mantienen con el corazón en la mano... ¿qué precio hemos de pagar los hombres por tener el valor de mirarlos directamente, sin recato?.
Su ternura provocaba algo nuevo, no el pensamiento raudo y estereotipado, sino más bien era la bondad andando.
Era una mujer no entrada en años ni joven... no enmarcada en vestido caro ni falda llamativa. Portaba pantalones claros, debajo de la rodilla, bolso colgado del brazo y libreta, ya que siempre escribía...
Miraba de reojo la luz roja, esperando el turno para transitar entre los autos. No ponía atención a otra cosa mas que a su libreta.
Por un momento se mordió los labios y levanto los ojos, como recordando, para luego escribir con mayor ahínco.
El semáforo cambió de luz y cruzamos una veintena de personas. Yo caminaba a su lado imaginando que en su cuaderno estaría plasmando las mejores rosas de su pensamiento.
Creía con toda certeza que la había visto en otro lado, no era casual que la encontrara caminando.
Llagamos al otro lado de la avenida y cada quien siguió por su lado.
Quisiera saber que escribía... pues sus manos volaban por el lineado.
Sus ojos recuerdo con agrado, pues aunque sabía que todos la mirábamos ella se concentró en su trabajo... y no miró ni arriba ni abajo, ni para éste ni para ningún lado.
Ojos de mujer que a todos nos mantienen con el corazón en la mano... ¿qué precio hemos de pagar los hombres por tener el valor de mirarlos directamente, sin recato?.