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Poeta infiel al portal
Esa noche sentí los ojos de un gato brillando como una mujer obsesionada por un delirio de pasión veraniega. Supe sin mediar duda alguna que no era una mirada humana, no. Los ojos de una persona dan cabida a la posibilidad de un brillo potencial de compasión. Estos otros ojos eran implacables, querían algo de mí y lo obtendrían sea cual fuese el medio necesario. Temí, mi cama se tornó húmeda, mi garganta estaba tan seca y mi voz era inaudible hasta en mis pensamientos. Supe que me estaba volviendo loco, que en el amanecer yo despertaría siendo distinto o no despertaría en absoluto. Entonces un ronroneo templó la densidad atmosférica en la habitación, caí plácidamente dormido. Al otro día desperté aliviado y lúcido junto a los delgados brazos de la única mujer junto a quien siempre quise abrir los ojos.
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