Andres Maizel
Poeta fiel al portal
En el momento menos pensado se puede alborotar la calma, darse vuelta la tortilla y un sopapo reventarte con su palma, es como que un anzuelo se enganchase en su mirada, amontona tantas palabras, tantas, que su texto se vuelve barroco y te da fiaca. En el momento menos pensado me robé su sueño, no pudo expresarlo.
Me adueñé de toda su atención,
¡Quien iba a imaginarlo!,
(lo puedo presenciar)
es pura conmoción.
¡Y sin creerlo!
ni pretensión alguna,
los consagrados están en la luna,
solo tenés que notarlo.
Es obvio, te lo digo por lo tanto, si tu nombre está en el aire no tiene sentido recalcarlo como si pintaras la monalisa y quererla vender con tu firma ¡Solo un gilastrún la compraría! más no gastes tiza ni emborraches la pluma, se puede caer de oreja.
Lo que pasa con las mentes de otro mundo, de antaño, el mundo no gira alrededor tuyo, mi amigo, no existe algún daño si no es pretendido.
No te aflijas, mi mundo es el pincel, no la pluma, pluma que se hizo pincel de alguna manera, como si no supiera, sin título en la frente, tatuado indiferente, no hay nada qué hacer.
Enteráte, que yo en tu amanecer estoy de media luna, que mis rollos no se limitan a las letras, letras que te hacen temblar; mis quilombos son otros, viejo, cuando perdés la cabeza no podés pensar.
Me adueñé de toda su atención,
¡Quien iba a imaginarlo!,
(lo puedo presenciar)
es pura conmoción.
¡Y sin creerlo!
ni pretensión alguna,
los consagrados están en la luna,
solo tenés que notarlo.
Es obvio, te lo digo por lo tanto, si tu nombre está en el aire no tiene sentido recalcarlo como si pintaras la monalisa y quererla vender con tu firma ¡Solo un gilastrún la compraría! más no gastes tiza ni emborraches la pluma, se puede caer de oreja.
Lo que pasa con las mentes de otro mundo, de antaño, el mundo no gira alrededor tuyo, mi amigo, no existe algún daño si no es pretendido.
No te aflijas, mi mundo es el pincel, no la pluma, pluma que se hizo pincel de alguna manera, como si no supiera, sin título en la frente, tatuado indiferente, no hay nada qué hacer.
Enteráte, que yo en tu amanecer estoy de media luna, que mis rollos no se limitan a las letras, letras que te hacen temblar; mis quilombos son otros, viejo, cuando perdés la cabeza no podés pensar.
Última edición: