Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Allí donde estás plantado, un pequeño niño,
busca tu atención con todo su amor e inocencia.
Un hombre busca salvar almas de gente,
que ya se ha sentenciado con sus problemas,
y una guitarra regala acordes, que resuenen
tal vez, en tu caja de sonidos.
De allá abajo, quisieras rasgar alguna sensación,
que todavía lata, o al menos, huela a mortecino,
quisieras reconocer en esa masa amorfa,
algún escombro, que recobre algún sentido,
un defecto alucinante, una alegría imaginaria.
Sentado, pensativo, cuelgas de una pared de la sala,
como un cuadro del divino niño que no hace milagros.
pareces una mesa de centro estática,
despreocupada ante el temblor de la noche,
inmune al líquido derramado por la copa,
de la persona que se ha puesto de pie,
y se marcha…, y renuncia…,
al mirarte y no encontrarte.
busca tu atención con todo su amor e inocencia.
Un hombre busca salvar almas de gente,
que ya se ha sentenciado con sus problemas,
y una guitarra regala acordes, que resuenen
tal vez, en tu caja de sonidos.
De allá abajo, quisieras rasgar alguna sensación,
que todavía lata, o al menos, huela a mortecino,
quisieras reconocer en esa masa amorfa,
algún escombro, que recobre algún sentido,
un defecto alucinante, una alegría imaginaria.
Sentado, pensativo, cuelgas de una pared de la sala,
como un cuadro del divino niño que no hace milagros.
pareces una mesa de centro estática,
despreocupada ante el temblor de la noche,
inmune al líquido derramado por la copa,
de la persona que se ha puesto de pie,
y se marcha…, y renuncia…,
al mirarte y no encontrarte.