Ruliitaa.G
Poeta recién llegado
Cobarde soy por ser consciente
de que lo hubiera sido antes
cuando paralela mi existencia
a la carne fría y putrefacta
virara el sucio mirar perdido
a la alianza eterna inexistente.
Cuan raquíticos ahí los cuerpos
en el yacer del crudo polvo
cuando algún espectro sin espectro
quitóles de sus manos la vida,
junto a ella la sangre caliente
luego esparcida en tono otoñal.
Y así cobardes con quienes convivo
a salvo por surgir en el azar,
clones futuros de la ignorancia
y cruel egolatría del pasado
que aceptaron las vendas negras
que alejáronlos de la verdad.
Y acá les traigo más agua y jabón
para que sigan lavando sus manos,
si sus oídos sólo escucharon
no así fueron creadores
del poder pecaminoso del poder
que creó infinitos gemidos.
Un alma educó a millones más
en la sabiduría de la muerte,
(la tortura sólo fue un anexo
para la diversión del morboso).
Rieron sus labios putrefactos
en su negrura.
Rieron fétidos de su hedor
tras besar despectivos el suplicio.
Cada uno llevaba un nombre,
que asesinaba innumerables mas
bajo el engañoso espejismo de
tener que asesinar lo anónimo.
Mas lo anónimo era identidad
que surgió postrero al dolor,
reciente la muerte física
para una reciente eternidad.
Identificados muertos con nombre
para su eterno gemir sofocante.
La gloria del plomo besó libertad
al generador de maldad atravesólo,
pues el odio se devora a sí mismo
creyendo que a otros aniquila.
Incontables de nombre Ana
retozan victoriosos la justicia.
de que lo hubiera sido antes
cuando paralela mi existencia
a la carne fría y putrefacta
virara el sucio mirar perdido
a la alianza eterna inexistente.
Cuan raquíticos ahí los cuerpos
en el yacer del crudo polvo
cuando algún espectro sin espectro
quitóles de sus manos la vida,
junto a ella la sangre caliente
luego esparcida en tono otoñal.
Y así cobardes con quienes convivo
a salvo por surgir en el azar,
clones futuros de la ignorancia
y cruel egolatría del pasado
que aceptaron las vendas negras
que alejáronlos de la verdad.
Y acá les traigo más agua y jabón
para que sigan lavando sus manos,
si sus oídos sólo escucharon
no así fueron creadores
del poder pecaminoso del poder
que creó infinitos gemidos.
Un alma educó a millones más
en la sabiduría de la muerte,
(la tortura sólo fue un anexo
para la diversión del morboso).
Rieron sus labios putrefactos
en su negrura.
Rieron fétidos de su hedor
tras besar despectivos el suplicio.
Cada uno llevaba un nombre,
que asesinaba innumerables mas
bajo el engañoso espejismo de
tener que asesinar lo anónimo.
Mas lo anónimo era identidad
que surgió postrero al dolor,
reciente la muerte física
para una reciente eternidad.
Identificados muertos con nombre
para su eterno gemir sofocante.
La gloria del plomo besó libertad
al generador de maldad atravesólo,
pues el odio se devora a sí mismo
creyendo que a otros aniquila.
Incontables de nombre Ana
retozan victoriosos la justicia.
Última edición: