Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
En algún lugar
donde el sol no alumbra
hemos llegado
para conversar sobre
nuestra pasada relación,
los largos años transcurridos
están aquí con
la lengua vieja del corazón
que utilizamos para evocarlos.
Esos sonidos que en
nuestros labios palidecen,
es un réquiem de funeral,
hablo sin la pena de que se sepa
que medio existo.
Mi razón
se encuentra atacada de
viejos prejuicios:
Soy la locura
que parece una desesperación,
un carbón en la fase en que
la chimenea consume su calor.
Reconociendo que
este encuentro ha demostrado
que el demonio ha
ganado la partida y
condenado al ángel
que habitaba en nosotros.
En resumen,
nuestro viejo deseo
ha brillado pero frío helado,
esta vez desaparecerá como
estrella en extinción y
pronto tendremos que
cargar con las
culpas del olvido.
donde el sol no alumbra
hemos llegado
para conversar sobre
nuestra pasada relación,
los largos años transcurridos
están aquí con
la lengua vieja del corazón
que utilizamos para evocarlos.
Esos sonidos que en
nuestros labios palidecen,
es un réquiem de funeral,
hablo sin la pena de que se sepa
que medio existo.
Mi razón
se encuentra atacada de
viejos prejuicios:
Soy la locura
que parece una desesperación,
un carbón en la fase en que
la chimenea consume su calor.
Reconociendo que
este encuentro ha demostrado
que el demonio ha
ganado la partida y
condenado al ángel
que habitaba en nosotros.
En resumen,
nuestro viejo deseo
ha brillado pero frío helado,
esta vez desaparecerá como
estrella en extinción y
pronto tendremos que
cargar con las
culpas del olvido.
Última edición: