Hotarubi
Poeta recién llegado
De su costilla, como un esqueje
nace una joven que se enraíza
en el suplicio del llanto de las cigarras.
Ella imita la pasividad de un cadáver
flotando en el agua, un momento antes,
o un momento después, y ya la vida
no nos corresponde, es el instante.
En los errores del tiempo,
los peces son ángeles escamosos
que vuelan en el estómago de un río,
sin párpados, sin deseos.
Le recordaba, que permanecer inerte
cansaba, la gravedad pesaba,
y su cuerpo se engullía a sí mismo.
Por el paseo, introdujo sus manos
entre las espinas para alcanzar
la supervivencia, brotando rojo,
y los segundos mudando dolor.
Las peonías germinan en sus muñecas,
los pétalos del cerezo caen a la tierra.
Viva y muerta a la vez.
Su lengua extraía la sangre inválida,
el escozor metálico recorría su cuerpo
como el hilo de una marioneta
que le hace mantenerse erguida,
vencida ante el éxtasis, derrotada,
exprime las últimas gotas para firmar
una tregua, hasta la próxima primavera.
Acomodando la flor en su cabello,
regresa por el camino que llegó,
una pausa regenerativa ultradiana
en el ritmo de las estaciones.
Lo que observamos hoy, se marchita,
y lo que aún no vemos, sueña
con correr hacia adelante.
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