IQW
Poeta recién llegado
Escucho el crujir de las ramas secas bajo mis pies
siento frío, humedad, es maravilloso. Pero es pasajero.
No volveré a sentirlo nunca.
Ahora, tumbado estoy de nuevo en esa humedad pero es distinta,
conozco su cálido abrazo y ese olor familiar
lo conozco, pues yo lo he creado.
Prefiero mirar al techo, hacia las estrellas.
Centro mi atención en una en particular y al instante,
todas se desvanecen todo deja de importar
nada existe, sólo el ritmo del torrente sanguíneo que fluye por mis oídos.
Un armónico metálico casi imperceptible pero suficiente para distraerme,
ignorando el beso de la estrella.
Dulce sensación sacia mi ego
pues dulce es la derrota si en el camino al abismo,
una mano te toma con la firmeza necesaria para valorar la caída,
más aun para agarrarla y de espaldas, tomar impulso y precipitarse.
Vuelvo a oír el sonido, se acerca lento y constante
se acerca mecido por aguas oscuras.
Ondas serpenteantes se crean como cabellos de antiguas diosas,
se acerca desde una barca, se acerca desde el barquero.
Es entonces cuando abandono mis pies
dejándome mecer en silencio, en calma, en soledad.
Dejándome mecer por aquello que desconozco pero que ya he vivido,
pues yo lo he creado.
Es entonces cuando bañado por la luz de la estrella,
descubro el centro del lago y allí otra barca y allí otro barquero.
Es entones cuando observo su rostro, marcados sus pómulos por la sombra
y una mueca de tristeza se desdibuja, como todo él.
siento frío, humedad, es maravilloso. Pero es pasajero.
No volveré a sentirlo nunca.
Ahora, tumbado estoy de nuevo en esa humedad pero es distinta,
conozco su cálido abrazo y ese olor familiar
lo conozco, pues yo lo he creado.
Prefiero mirar al techo, hacia las estrellas.
Centro mi atención en una en particular y al instante,
todas se desvanecen todo deja de importar
nada existe, sólo el ritmo del torrente sanguíneo que fluye por mis oídos.
Un armónico metálico casi imperceptible pero suficiente para distraerme,
ignorando el beso de la estrella.
Dulce sensación sacia mi ego
pues dulce es la derrota si en el camino al abismo,
una mano te toma con la firmeza necesaria para valorar la caída,
más aun para agarrarla y de espaldas, tomar impulso y precipitarse.
Vuelvo a oír el sonido, se acerca lento y constante
se acerca mecido por aguas oscuras.
Ondas serpenteantes se crean como cabellos de antiguas diosas,
se acerca desde una barca, se acerca desde el barquero.
Es entonces cuando abandono mis pies
dejándome mecer en silencio, en calma, en soledad.
Dejándome mecer por aquello que desconozco pero que ya he vivido,
pues yo lo he creado.
Es entonces cuando bañado por la luz de la estrella,
descubro el centro del lago y allí otra barca y allí otro barquero.
Es entones cuando observo su rostro, marcados sus pómulos por la sombra
y una mueca de tristeza se desdibuja, como todo él.