Marla
Poeta fiel al portal
Sube a mi espalda, amor,
sube a mi púlpito.
Tu diosa soy,
tu más firme pisada.
Caminaré por ti cuando me adores,
te salvaré de las uñas de tu sombra,
de ti mismo,
del resplandor fecundo de tu alma.
Sabes,
soy desde siempre tu más íntimo destino,
el renglón obstruido en tu garganta
y temo
La sangre que desprende
la fóvea de tu llanto:
imanta las espigas,
desvía de su ruta los sueños de los pájaros
cuando se vierte toda de golpe
como un río
de lava, como un cielo violado
de nostalgias.
Bébete el humo dulce y vacuo de mis ubres, amor;
trepa sobre estos muslos
que estrujan gota a gota la ternura
de tu cerebro huérfano,
y aspira hondamente
el opio del olvido.
Mis labios
apenas esbozan tu nombre
y ya me sigues.
Han aprendido a golpear tu puerta
sin nombrarte
para que nadie sepa... para que nadie intente...
No sufras más,
tus venas ansían la droga que te salva de vivir,
de pensarte.
Envenénate de mí,
conmigo;
libérate de tu cautiverio, amor,
así, soñándome
para siempre
para siempre...
sube a mi púlpito.
Tu diosa soy,
tu más firme pisada.
Caminaré por ti cuando me adores,
te salvaré de las uñas de tu sombra,
de ti mismo,
del resplandor fecundo de tu alma.
Sabes,
soy desde siempre tu más íntimo destino,
el renglón obstruido en tu garganta
y temo
La sangre que desprende
la fóvea de tu llanto:
imanta las espigas,
desvía de su ruta los sueños de los pájaros
cuando se vierte toda de golpe
como un río
de lava, como un cielo violado
de nostalgias.
Bébete el humo dulce y vacuo de mis ubres, amor;
trepa sobre estos muslos
que estrujan gota a gota la ternura
de tu cerebro huérfano,
y aspira hondamente
el opio del olvido.
Mis labios
apenas esbozan tu nombre
y ya me sigues.
Han aprendido a golpear tu puerta
sin nombrarte
para que nadie sepa... para que nadie intente...
No sufras más,
tus venas ansían la droga que te salva de vivir,
de pensarte.
Envenénate de mí,
conmigo;
libérate de tu cautiverio, amor,
así, soñándome
para siempre
para siempre...
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