Pero ahora, me estás respondiendo.
O yo a ti.
¿ Lo ves ?
No eres protagonista.
Ése es el quid de la cuestión. Como ceder el asiento a una dama.
No tienes miedo, si no llevas el peso de toda la obra.
Ayer noche, vi por Televisión, un combate entre dos pesos pesados.
Uno de ellos, sufría las embestidas del otro.
Y vi que el espectáculo dejaba de ser digno y noble, para convertirse en una carnicería.
No me gustó. Me parecía vano y cruel.
Pues es, sin embargo, una lección. El protagonismo es como recibir golpe tras golpe.
Ser especiales, superiores, preferibles al resto...
Es una trampa.