Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Y será entonces cuando escape
—sin mí— por la chimenea
del crematorio.
Devolveré décadas de vaho amurallado,
la humedad uncida al tuétano
que sostuvo mis ojos a la altura
de las estrellas.
El vapor de mi desnudez definitiva
se revolverá con las nubes voluptuosas
y los prístinos aires
donde giran los papalotes
y los relámpagos respiran.
Lo que el fuego no eleve, la roca molida,
el tizne de mis otrora dinteles,
no será para la urna
si me viste amar a los árboles
que me enseñaron mis nombres estacionales,
pero nunca a echar raíces.
Al amparo del roble, la ceiba o el mezquite, ascenderán estas partículas
por el interior de las ramas,
me agostaré por miles
y derramaré en hojas la cúspide amarilla,
al fin –sin mí– abrazado al origen.
—sin mí— por la chimenea
del crematorio.
Devolveré décadas de vaho amurallado,
la humedad uncida al tuétano
que sostuvo mis ojos a la altura
de las estrellas.
El vapor de mi desnudez definitiva
se revolverá con las nubes voluptuosas
y los prístinos aires
donde giran los papalotes
y los relámpagos respiran.
Lo que el fuego no eleve, la roca molida,
el tizne de mis otrora dinteles,
no será para la urna
si me viste amar a los árboles
que me enseñaron mis nombres estacionales,
pero nunca a echar raíces.
Al amparo del roble, la ceiba o el mezquite, ascenderán estas partículas
por el interior de las ramas,
me agostaré por miles
y derramaré en hojas la cúspide amarilla,
al fin –sin mí– abrazado al origen.